La última función es una novela típica de Landero, con su afición a personajillos desde los Juegos de la edad tardía, su riquísimo vocabulario, las frases tan bien construidas, la enumeración prolija de los elementos de cualquier alacena, una cierta retranca del narrador… La historia se estructura aquí en dos partes bien diferenciadas, dos actos: la primera en la que presenta a los dos protagonistas por separado, sus vidas y sinsabores, alternando capítulos para cada uno por separado. La segunda en la que tiene lugar la función del título. Todo ello, casi a modo de relato oral contado por un supuesto narrador colectivo que me parece el gran acierto: lo sabe casi todo pero no todo, es cercano pero tiene la distancia necesaria para ironizar sobre lo que cuenta (“Porque el suyo era sin duda un pesimismo muy bien documentado”).
Quizá le falte a la historia algo más de sentimiento, aunque el algunas reflexiones enroscadas recuerda casi a Marías, pues se queda demasiado en la crónica para llegar a engancharte. Tiene además la ventaja de que todos los que aparecen son buenas personas, no como en Una historia ridícula o La vida negociable. Pero a cambio, como siempre, Landero cautiva por sí mismo, da igual lo que te cuente. De todas maneras, aún así, el relato de la relación de Tito con Amalia me parece genial y si el propio Tito no despierta mucho cariño, todo el personaje de Paula resulta entrañable. Sólo lamento que Landero no lea tebeos…
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*Novela
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De qué va. (Quizá no quieras leerlo). Un hombre con ínfulas de actor organiza una gran función para revitalizar su pueblo. En paralelo, una chica se ve involucrada accidentalmente y te cuentan que se enamoraron y arreglaron así sus vidas.
