La dependienta

Sayaka Murata

Guillermo del Campo
Fecha: 8 de mayo de 2019
Categoría: Los más fáciles

Keiko es un perro verde, con alguna diferencia psíquica con respecto a la mayoría, que se esfuerza por integrarse, al menos en apariencia, en la sociedad que la rodea. Para ello no duda en seguir parámetros de conducta convencionales sin entenderlos demasiado bien; simplemente porque es capaz de reconocer que, de ese modo, pasará más desapercibida y la dejarán en paz. El problema es que con el tiempo sus esfuerzos no son suficientes, que lo que era normal a una edad, cambia con los años, que Keiko madura y ya no tiene la misma capacidad de adaptación.

La historia de Sayaka Murata me parece muy interesante porque uno se enfrenta a lo que es “normal” y a lo que no. Ve reflejados los miedos que toda sociedad, y también sus individuos, sienten hacia lo que es diferente. Keiko no representa el menor peligro social pero a pesar de ello sufre mucha presión. En tales circunstancias uno se pregunta por qué Keiko no inventa una vida paralela pero tras leer El adversario, uno casi prefiere no pensarlo, la verdad. Keiko tiene razonamientos de Ignatius J. Reilly (La conjura de los necios) pero, a diferencia de éste, ella se hace querer. Quizá el hecho de que como occidentales entendamos tan mal algunas de las costumbres laborales niponas nos ponga más de su lado.

La traducción, salvo en la ocurrencia de “acariciar una ampolla”, no me ha molestado. Se lee perfectamente incluso aunque algunas palabras queden en japonés. Sí que me pregunto si la palabra “dependienta” tendrá en japonés las mismas connotaciones que en español pues aquí no sólo se aplica a quien atiende en una tienda sino también a quienes que mantienen un vínculo, de dependencia, con algo. (*) Y en ese sentido, Keiko resulta muy independiente y tan ágil como la primera persona en que nos cuenta su vida. Me resultó curiosa la atención que ella presta a detalles tales como la entonación que usan sus interlocutores. Es una pena que la autora no haya conseguido reflejarlo bien por escrito porque aunque era interesante ese aspecto, se pierde un poco.

Para juzgar las reflexiones sobre la consideración de la mujer en Japón o sus costumbres sociales no tengo conocimientos suficientes. No puedo distinguir lo que es irónico de lo que es crítico, lo que me extraña a mí y la autora presenta como algo normal de lo que ella pretende destacar por algún motivo. Se aprecia en el libro un cierto paternalismo con respecto a las mujeres pero no sé hasta qué punto es denuncia o simple reflejo. Es como si yo contara que doy preferencia de paso a una chica: ¿eso es costumbre sin mayor alcance o un intento de demostrar mi supremacismo de hombre? Comparar modelos tan alejados culturalmente resulta muy delicado.

(*) Resulta que en japonés el título significa algo así como “el encargado de un 7 Eleven”. No es directamente traducible porque no tenemos en español una palabra para ese tipo de tiendas (ni colmado ni 7 Eleven servirían). Y resulta que en japonés el título tiene alguna connotación de adicción, en este caso a ese tipo de tienda (cosa que, sin duda, Keiko padece). De este modo, traducirlo por “La dependienta” me parece muy acertado pues en una palabra incluyes la adicción, la dependencia (sí, de una manera muy tangencial, pero está) y a la vez te ahorras decir que es vendedora de una tienda innombrable para nosotros.

Tonterías de un chalado…

*Novela literaria

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