Esta novela me parece bastante diferente de otras que he leído de Rosa Montero. Claro que sólo he leído algunas pero aquí hay una trama con cierta tensión que en otras no encontré. Ello no quita para que siga teniendo una prosa muy sugerente y que dé gusto leerla pero, uno se fija aquí menos en esas cosas y está más atento a lo que pasa.
La historia no deja de ser trivial: algunas personas viven tan atropelladamente que una ruptura radical puede ser un renacer. Pero quizá porque de Rosa Montero no lo esperaba, me ha sorprendido y me ha gustado. Me ha recordado un poco, en mucho más sencillo, a Los aires difíciles de Almudena Grandes. De hecho, Raluca es parecida en muchas cosas a Maribel aunque aquí hay un arquitecto en vez de un médico.
Al leerlo se me han ocurrido otros parecidos como que el arquitecto coloca las cosas cuidando su aspecto como hace La joven de la perla con las verduras. O que cuenta diferentes versiones de su hijo como pasa en La loca de la casa. Pero más allá de anécdotas, me gusta el cuidado con que está contada la historia. El arranque, escrito en un presente fuerte le da un aire sentencioso que poco a poco se va perdiendo conforme lo humano va cobrando protagonismo. Poco a poco los sentimientos van aflorando con sinceridad. “Los Lexus de 137.000 € se compran cuando te llevas mal con tu pareja”.
El libro cuenta muy bien lo que sucede cuando un padre y un hijo reaccionan de forma muy diferente ante infancias desgraciadas: “a amar se aprende de pequeño, como a andar o a hablar”. Y la carga que supone no haber sabido querer bien. “no supe quererla a la altura de lo que de verdad la quería”.
El título encierra una paradoja que se repite con alguna frecuencia: algunas personas que parecen menos afortunadas son felices porque creen que en realidad tienen mucha suerte. Y es que, más que que te pase lo que te gusta funciona mejor que te guste lo que te pasa.
*Novela literaria
