Aunque se presenta como teatro, son más bien unos cuantos diálogos sin apenas acotaciones. Los primeros y últimos hacen de prólogo y epílogo y en medio se sitúan los que tiene el santo Job con diversos amigos que le van tentando en clave moderna.
Libro cortito que permite leer con atención un texto cargado de imágenes y sentencias que a veces resulta un poco ambiguo. En efecto, algunas ideas requieren de interpretaciones benevolentes como que la cercanía de Dios hace a la muerte amarga o eso de que es necesario ser como un barril vacío para sumergirse en un océano. Sin embargo, en conjunto resulta agradable leer la dialéctica entre la idea de que el sufrimiento es parte indisociable del ser humano, parte que no puede negarse de plano sin mutilarse, y el hedonismo imperante. En el fondo es la misma discusión que plantea Buero en En la ardiente oscuridad. Elihu reprocha a Job que desmoralice al resto y que rechace la alegría. Éste por su parte se aferra a una Alegría con mayúscula cuya diferencia, aparentemente sólo tipográfica, es en realidad muy difícil de salvar.
Podría parecer curioso que como mejor manera de presentar las tentaciones se emplee a los amigos pero es verdad que éstos suelen estar dispuestos a justificar de todo (siempre que no sean ellos los afectados). Bajo la apariencia de que te quieren como eres, más bien suelen encontrarte toda suerte de disculpas para calmar tu conciencia. También parecen apoyarte cuando por toda ayuda te animan a estrellarte una y otra vez, “no pierdas el ánimo”, pero en realidad lo que hacen es calmar con un optimismo absurdo su propia conciencia. Éstos suelen ser considerados los buenos amigos, los enrollados, los amiguetes… En cambio a los verdaderos, a los que intentan ayudarte a enfrentar a los problemas en vez de ayudarte a ocultarlos se les suele calificar de Pepito Grillo.
En ese sentido, Fabrice Hadjadj plantea bien el equilibrio entre literatura y filosofía. Entre las mucha paradojas bien traídas, ésa de que la pretensión de la mujer de lograr una separación indolora aumenta el dolor del marido. O que se nos olvida que todo lo malo que encierra la muerte es consecuencia de la vida. Que la traición, para serlo, necesita de una fidelidad previa tanto más valiosa cuanto mayor es el dolor posterior.
En otros aspectos el autor va demasiado directo al fondo pues elegir como embajadora de la eutanasia a una antigua esposa que vuelve resulta poco verosímil incluso en el entorno casi onírico de la obra. Y las argumentaciones, sólidas en muchos casos, se enfangan un tanto con la tentación de la juventud pasajera. Con todo, es un libro que se lee bien y que mueve a reflexiones profundas que merecen la pena.
*Pensamiento
