Isabel II

Isabel Burdiel

Guillermo del Campo
Fecha: 3 de julio de 2019
Categoría: Sin categoría

Otro tocho del SXIX que me fue muy bien recomendado. De nuevo, no es una biografía al uso sino un relato de los sucesos del reinado desde un punto de vista fundamentalmente palaciego. Las biografías de personajes menos públicos que un rey suelen tener más datos psicológicos, detalles que en apariencia carecen de relevancia pero forjan el carácter… o que efectivamente no tienen importancia en absoluto. Con un rey, cuya vida ha estado sujeta a tantas otras personas y acontecimientos bien conocidos, lo importante es ese entorno y eso es lo que cuenta estupendamente Isabel Burdiel, como también hacía La Parra con Fernando VII.

Desgrana la historia del reinado de Isabel II empleando su correspondencia para explicar los intereses ocultos o simplemente más privados que podía haber tras cada uno de los sucesos históricos. Ciertamente es muy prolija y a veces repetitiva tanto en detalles como en citas. Quizá hace agua (no aguas) con tanta carta reproducida pero no por ello pierde el interés. En cambio, aunque de sus páginas se desprende un juicio del personaje, llama la atención que no haya un capítulo final de conclusión o que zanje en tan pocas páginas los veinticinco años de la etapa final de la reina.

Lo que verdaderamente llama la atención, en todo caso, es que semejante desastre pudiera sostenerse tanto tiempo. Me gustaría comparar mejor el tránsito a la modernidad de otros países con una historia como la nuestra para saber si somos una excepción o era la regla. No valen países nuevos porque en ellos el pasado apenas es un condicionante, como bien señala la autora. Nuestra historia nos sirve a la vez de soporte y rémora para continuar escribiéndola aunque en el reinado de Isabel II parece que fue más un obstáculo que una ayuda. Pero nunca se sabe. O quizá es que para llegar a lo moderno el pasado siempre es un lastre aunque tenga otras ventajas.

Pese a ello, resultan significativas la diferente educación recibida por la reina Victoria, la reina portuguesa e Isabel II. El problema ya nos venía de lejos… Claro que, por si no tuviéramos cáñamo de sobra para ahorcarnos, le añadimos al rey Francisco. En todo caso, qué miseria de sociedad la que necesitó de setenta años para sacudirse el peso de Carlos IV, Fernando VII e Isabel II y con ellos dejar de lado la parte ya necrosada de ella.

En medio de todo esto parece destacar Espartero como ejemplo de la necesidad de políticos y de la insuficiencia de la honestidad para dirigir a los pueblos. También destaca la confianza en los embajadores extranjeros de la época, hasta extremos que hoy podrían considerarse traición.

El interés del SXIX radica para mí en la explicación que contiene de muchos aspectos recientes. Es curioso que ya entonces se discutieran las coletillas añadidas por algunos ministros en su juramento de toma de posesión cuando actualmente estamos aceptando proclamas de deslealtad en tantos diputados. También me parece curioso el verbo empleado entonces para cesar a un ministro: se le exoneraba del cargo. Probablemente todavía se consideraba que el cargo suponía más una responsabilidad que un beneficio personal.

*Historia

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