Me gustaría comentar con la profesora de lengua que me recomendó esta lectura si realmente lo que debía haberme recomendado era asistir a una representación de esta obra de Buero Vallejo. La lectura de la obra en sí no me ha gustado gran cosa pero ciertamente me ahora me apetecería ir al teatro a verla. Y es que se trata de una obra de teatro en la que Buero introduce lo que podríamos llamar “efectos especiales” propios de la representación y muy ajenos a lo que es un libro.
La trama es muy simple: los últimos días de Goya antes de exiliarse perseguido por los absolutistas de Fernando VII. Su vida en la Quinta del Sordo con un par de personas más, sus temores y el acoso. Precisamente lo que hace a esta obra peculiar es que se vayan proyectando las pinturas de esa Quinta, que el espectador sólo oiga lo que oye Goya (poco) y complete sus diálogos con la mímica de sus interlocutores basándose en las respuestas del pintor, el que algunos personajes de sus cuadros, y particularmente los de El sueño de la razón produce monstruos, pasen a serlo de la obra de teatro… Y todo eso debe ser muy interesante en la escena pero no leído. Las acotaciones y aclaraciones son tantísimas que uno se pierde. Y, como le pasaba a El pintor de batallas, una cosa es evocar un cuadro y otra una pinacoteca.
Buero vuelve a las limitaciones físicas para representar aspectos más profundos. La ceguera de En la ardiente oscuridad, la sordera aquí que se niega a ver (oir) la realidad. También recurre a su afición truncada de la pintura como hace en Las meninas en la que, además, también es el poder omnímodo del rey el que imprime un carácter opresivo a la obra. Hay quien lo relaciona con los años en los que escribía, finales de los sesenta, y seguro que algo hay pero no creo que sea lo fundamental.
Por cierto que me ha sorprendido el reiterado mal uso de la palabra “deniega” en las acotaciones por lo que debería ser “niega”. No recuerdo eso en otras de sus obras más literarias.
*Teatro
