El sitio

Fran Ruiz

Guillermo del Campo
Fecha: 5 de abril de 2020
Categoría: Sin categoría

Alguna vez he comentado que la novela histórica, como también la historia novelada, permite a sus autores licencias incompatibles con el rigor histórico. Como el límite entre la realidad y la ficción siempre es difuso en este tipo de libros, el autor puede cargar las tintas con mucha facilidad y dar imágenes muy distorsionadas. Naturalmente no todos los autores lo hacen, ni lo necesitan. Pero cuando se trata de la historia reciente es inevitable y, lo que es mucho peor, deliberado.

La madre de Frankenstein o El sitio son dos ejemplos bien recientes de este tipo de manipulaciones intencionadas. En ambos se recrean rosarios de maldades, no por ciertas menos irreales por cuanto copan toda la narración. Aquí, los milicianos son siempre desorganizados, asesinos, fanáticos y los otros siempre héroes sin tacha. Clama al cielo que se citen los crímenes rojos en Badajoz y que tras su conquista por Yagüe no haya nada que decir. Sorprende que en una batalla aérea en la que dos pilotos caen tras las líneas enemigas, de uno nos cuenten que fue torturado y asesinado y del otro no se diga nada más. Así, contando sólo las verdades de una parte, no se puede pretender “un reflejo fiel de lo acontecido”. Más bien resulta ridículo.

Por eso, el aspecto principal de la novela histórica es siempre el novelesco. El otro no pasa de ser un marco más o menos fiel pero de escasa importancia literaria. El problema de El sitio es que no contiene novela alguna. Los personajes no tienen ninguna profundidad y simplemente aparecen limitados por los hechos históricos para recrear unos pocos diálogos sin importancia. El diario de Moscardó y unos cuántos recortes de periódico no dan para más y novela como tal, no hay. Incluso metiendo con calzador lo que supongo que son otros datos de los que dispone Fran Ruiz, en este caso de Albacete.

Además, como suele suceder con este tipo de ediciones, adolece de gran cantidad de erratas y el autor incurre en muchos errores: los daños se “infringen”, se pasa por la puerta de “las Visagras” de Toledo y resulta que la Guardia Civil usaba «un saludo militar propio» y particular consistente en llevarse el canto de la mano al pecho! (Vamos, el saludo militar corriente cuando se va armado. Se ve que el autor no tuvo que hacer la mili).

Con todo he de decir que de la misma manera que no recomendaría un burguer como restaurante de gran calidad culinaria, sé que cuando hay hambre tampoco está mal una hamburguesa con bien de kétchup. Lo mismo que puestos a ver muchas horas de televisión diarias imagino que habrá que combinar los documentales de la 2 con otras cosas más livianas y hasta tontas. Hay que reconocer que las mil páginas de El sitio son entretenidas y que una cuarentena como ésta que nos ha tocado no se la va a pasar uno a base de poesía…

*Sucedido

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