El primer asesinato de Franco

Ángel Viñas

Guillermo del Campo
Fecha: 9 de octubre de 2024
Categoría: Sin categoría

Que Viñas es un escritor que altera la Historia para adaptarla a sus preferencias, ya lo sabía de otros de sus libros. Pero que entre en el sensacionalismo más absoluto para incrementar las ventas y seguir contando sus sueños, me ha dejado perplejo. En otras ocasiones es verdad que hace estudios de cuestiones monetarias que conoce, y ese trabajo tiene su valor aunque luego de él fuerce a las conclusiones que mejor se acomodan a sus gustos. Pero en esta ocasión no sólo las conclusiones son fantasiosas sino que los estudios son ridículos.

Según Viñas, Franco no habría podido deshacerse de una maleta durante el vuelo del Dragon Rapide porque, hallazgo mundial, las ventanas de ese avión no eran practicables. Y, como consecuencia, toda la historiografía, que no le iguala ni de lejos en perspicacia y tesón, miente en lo del equipaje y pierde toda credibilidad. (¿No podría haberse arrojado por la portezuela o vaya usted a saber?). Esa supuesta minuciosidad en el detalle irrelevante es un ejemplo de cómo el autor oculta, en medio de páginas y páginas, omisiones de bulto y apreciaciones subjetivas cuando no completamente falsas.

Es el caso del prolijo estudio científico que le permite afirmar que Franco podía haber despegado tranquilamente de Tenerife para iniciar el golpe de estado… pero que tenía especial interés en hacerlo desde Las Palmas para poder asesinar al general Balmes. Aportando todo lujo de partes meteorológicos, mediciones, fotografías, descripciones del campo de Los Rodeos de Tenerife, informes técnicos del avión, diagramas… concluye con que era viable despegar desde allí el 17 de julio. Pero en ese despliegue de detalles absurdos, el autor deja de lado que tal vez Franco quería asegurarse poder despegar por encima de todo y que la climatología de Los Rodeos abría mucha más incertidumbre que la de Gando en Las Palmas. No en vano, la base aérea se instaló en Gando y no en Los Rodeos. Olvida también que esas nieblas, para Viñas irrelevantes, fueron, en los setenta, con medios e instrumentos mucho mejores que en 1936, la causa del mayor accidente aéreo de la historia de la aeronáutica mundial. Tampoco considera que ese hidroavión tan detalladísimamente descrito… puede aterrizar y despegar desde el agua (probablemente ello llevó a elegir esa tipología) y evitar tener que despegar desde un campo en caso de dificultades…

Pero lo grave no es la montaña de tonterías acumuladas para poder alcanzar una conclusión absurda. Lo peor es que, sobre esa montaña, Viñas sigue elaborando teorías: si pudiendo despegar de Los Rodeos, Franco se obstinó en hacerlo desde Gando es porque quería asesinar a Balmes. No le basta con el perfil taimado y astuto del dictador, Viñas necesita añadirle el asesinato frío con el que ganarse a quienes prefieren comprar los libros que reescriben a su gusto la Historia. Como si para criticar a Franco fuera necesario inventar algo…

Con todo esto, al final, para Viñas el protomártir fue Balmes, republicano convencido, y no Calvo Sotelo. Y es cierto que la muerte accidental de Balmes resulta extraña y que le vino bien a Franco. Pero Franco, capitán general de Canarias, no necesitaba en absoluto asesinarlo para viajar a Las Palmas. Asesinar así a un general (que prefería dar vivas a España que a la República) cuando el golpe aún no había comenzado tenía más inconvenientes que ventajas. Y si el accidente podía ser raro, las explicaciones de Viñas serían delirantes si no fueran insidiosas.

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Lenguaje:

Tanto en sus contenidos (ambos autores se esconden tras supuestos estudios hipertécnicos) como en el lenguaje, me ha recordado mucho a Francisco Pérez Abellán, repitiendo una y otra vez algunas palabras como totémicas: Prim había sido “estrangulado a lazo” una y otra vez, Viñas repite infinitamente lo de la “sedicente autopsia”, en otro de sus libros habla insistentemente de “la retracción” de las democracias para con la república española… No es que las expresiones estén mal empleadas sino que resultan extrañas cuando se repiten tantísimas veces en un texto y acaban poniendo en evidencia la finalidad perseguida por el autor. Porque la “retracción” enmascara el abandono y elude la pregunta de a qué régimen dieron realmente de lado las democracias europeas en 1936.

Ambos libros comparten también un lenguaje polarizado que alterna el lenguaje culto con uno mucho más coloquial para combinar los aspectos serios con la irrefrenable indignación de los autores. Así, “monitorean”, los mílites “complotan”, aquello que se detiene “pierde energía cinética”, justifica que se tarda poco en cruzar la ciudad “dadas las cortas distancias que regían” el centro en aquella época, hay «hiperturiferarios»… Sin embargo, la indignación de Viñas con la historiografía existente le lleva a insultos y descalificaciones constantes que P. Abellán no se vio en la necesidad de emplear tan profusamente.

A todo lo anterior hay que añadir dos cosas: a un relato necesariamente confuso que permite sacar de la chistera cualquier cosa se suman constantes preguntas retóricas e ironías que aún complican más la lectura. Y por si fuera poco, para justificar que lo que se cuenta está cogido por los pelos, (en el mejor de los casos), las apostillas del tipo “que sepamos” “que hayamos encontrado”, “que nos conste”… se repiten una y otra vez y resultan agotadoras.

Caqui/*Historia

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