Espero que los deudos de Francisco Pérez Abellán perdonen que no anteponga el título de doctor a su nombre, de acuerdo a lo que figura en esa «Comisión Prim» que dice que presidió. Es que primero me gustaría saber en qué rama y por qué universidad obtuvo el título de doctor para sacudirme el recuerdo que el tenor del libro me ha traído de otros doctorados recientes de políticos.
El título del libro no anticipaba un estudio precisamente sesudo y, efectivamente, se limita a recoger los trabajos de esa mencionada «comisión» y a repetir machaconamente sus aspectos más sensacionalistas. Es cierto que, inicialmente, uno se confía en el nombre aparentemente oficial y en el amparo de la universidad. Cierto que por desgracia hemos asistido al desprestigio de muchas universidades y a cómo venden sus títulos y trabajos pero a pesar de ello uno espera algo serio. Es cuando va pasando páginas y constata el poco fuste de lo que allí se cuenta cuando empieza a mirar quién compone esa “comisión”, qué doctor la preside, con qué fuerza se discutieron sus principales conclusiones desde ámbitos diversos… y acaba por tener la sospecha de que está leyendo el libelo resultado de unos trabajos cuyo objetivo principal no era la investigación sino el cobro de subvenciones y, de paso, la venta de libros. Ha llegado a recordarme a la serie de Caballo de Troya de Benítez, que también se vendía con ínfulas de investigación que constituía un hito mundial. Claro que, que yo sepa, Bénitez nunca quiso equiparar su currículum a los de otros ilustres políticos actuales.
Al final, saca un listado de sospechosos que poca importancia tiene ya, hace suposiciones sobre los inductores con mayor o peor fortuna y, sobre todo, anuncia a bombo y platillo, una y otra vez, que Prim fue “estrangulado a lazo”, aspecto éste que sin embargo, fue rotundamente desmentido por otros forenses. Y para justificar tantos errores del pasado mezcla la conspiración judeomasónica con paralelismos con el asesinato de Carrero Blanco o el de JFK, en una línea sensacionalista que otro más avisado que yo habría conocido de antemano. Si es que hay que ver la tele de vez en cuando…
*Historia
