La Regenta

Leopoldo Alas, Clarín

Guillermo del Campo
Fecha: 24 de septiembre de 2019
Categoría: Clásicos, Mis mejores

Otra relectura periódica, como los que releen El Quijote de cuando en cuando. No en vano ambas están consideradas las Novelas de la literatura española; con La Regenta me reconcilio con los clásicos.

Especialmente la primera parte, me parece admirable cómo se pasan las páginas sin notarlo, sin que apenas suceda nada, sólo presentando poco a poco a los personajes y su entorno. Clarín me parece aquí absolutamente magistral en su avanzar y retroceder continuo de manera que apunta pero no dice, te deja sobre ascuas y cuando te estabas olvidando vuelve con dos pinceladas más. Se trata, sí, de una presentación de quinientas páginas, o de apenas tres días, como La colmena, pero que te mantiene en vilo, deseando saber más de esas provincias de la Restauración.

Creo que son dos los principales medios de los que se vale el autor para conseguirlo: uno, la riqueza de narración en la que se alternan diversos estilos, comillas, explicaciones del narrador, indirecto, semi indirecto… que al personaje le dicen, que ha oído, que se dice a sí mismo… Es de una variedad tal que a retazos uno va componiéndose un magnífico cuadro. El otro medio es la maravillosa ironía que lo mismo se hace evidente con la cursiva o paréntesis, que se explica… o que se deja sin comentario para que sea el autor quien la descubra. Éstas son las mejores y hay tantas… Frases en las que hace cómplice al narrador y al personaje. Éste podría ocultar (pg 591) que se aburre soberanamente pero prefiere ocultar su aburrimiento, “que para sus adentros llamaba soberano”. O mantenía “los ojos fijos en un pensamiento que ella debía ver en el suelo” (pg 630). Clarín juega con los personajes y se mete entre ellos opinando casi sin que lo notemos. Cuenta además con la perspicacia y la cultura del lector que disfruta con el reto.

Por lo demás, encuentro ese cuadro verdaderamente actual porque más allá de los cambios sociales, se sigue jugando a estar, a parecer, a que te inviten, a construir “el relato” tan de moda ahora… El arcediano, Glocester, en un momento dado en el que le ha salido mal un asunto, (pg 574) va por la calle pensando en la «forma decorosa» de contar lo sucedido. Lo de menos es qué. Lo que le preocupa es cómo lo va a contar. En La Regenta, lo importante es el efecto de lo que sucede en los personajes.

Sí, una ciudad gris, sucia, sórdida. Un retrato de una sociedad que quizá merecía más color… Pero eso no resta fidelidad a la representación, si acaso la deja algo coja. Baroja, en La busca, es triste, Clarín, no. Y nos refleja a cambio un mundo interesantísimo. Hay que ver lo que cundía una mañana entonces: el Magistral hace cinco visitas, pasa hora y media de oficina y aún le da tiempo de presentarse a comer sin que le hayan invitado. Azaña también viajaba por media provincia de Madrid en una tarde tranquila de manera que no debe ser exageración.

Al final todo se resume, con permiso de Galdós, en si la Regenta se ha de perder por lo laico o por lo clerical. Si la Venus de Milo o el Cristo de Cellini. Lo que quiera que sea, es una obra de arte.

PD.- Un muy buen ejemplo, uno más, de la necesidad de tildar el adverbio “sólo” lo encontramos en la página 581.

*Clásicos

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