No sé por qué no «La búsqueda», que me suena mejor. Supongo que hace cien años sonaría mejor lo otro o simplemente era más popular. Porque ése es uno de los valores del libro, un vocabulario rico y algo trasnochado ya pero que te suena vagamente. Como «macferlán», una palabra que usa aún mi madre. Y unos diálogos y escenas que recuerdan muchísimo a las zarzuelas con las corralas y los paletos, habitualmente manchegos.
La verdad es que no me ha gustado gran cosa de manera que no creo que siga con la segunda y tercera parte. Tengo la sensación de que con muchas obras pasa que cuando surgen, suponen una ruptura, una innovación, que resulta interesante. Pero conforme pasa el tiempo son claramente superadas. El mérito del autor pasa más a ser el del inventor. Lo que pasa es que, a diferencia de la bombilla, de la que nadie recuerda (ni ha usado) la primera que produjo Edison, la obra queda y puede seguir leyéndose/viendo/oyendo… Sí, se lee fácilmente, el ritmo es bueno, pero no me basta.
Leyendo la primera parte, en la pensión, uno ha de recordar el café de La colmena, de Cela, inevitablemente. Luego, al final, con las idas y venidas de los traperos vuelve otra vez a lo mismo. Supongo que Cela se había empapado bien de Pío Baroja y lo mejoró con creces (y con el saber del paso de cincuenta años, claro).
El pesimismo del 98 es tan abrumador que resulta casi ridículo: «lodo putrefacto a la luz de un farol mortecino que cuelga de una tapia medio caída…» Ni siquiera el cielo de Madrid consigue pasar del color del zinc. En la novela pasa poco, salvo algo más al final, y lo que pasa, es anecdótico. Una sucesión de hechos irrelevantes para sostener unas descripciones lúgubres y pestilentes por un Madrid que recorren los personajes a toda velocidad. Los personajes, poco profundos en general, acompañan con su bajeza al entorno. Y, para colmo, algunos rellenos de vez en cuando como para engordar el número de páginas quizá porque, por lo visto, la novela se fue publicando por entregas. Debe ser muy diferente escribir, y leer, por entregas que un libro entero. Como las series, pueden que entretengan, pero es difícil que alcancen la categoría de una buena película.
*Clásicos
