Aunque echaba de menos a la autora, una de las que vigilo por si publica otro libro (desde La buena suerte y El peligro de estar cuerda, lo que ha publicado no me ha interesado mucho, sea por la temática de ciencia ficción o por no tener muy claro si era ella la verdadera autora), comencé la novela con mal pie: en la primera página resuena por el patio el latigazo de la persiana del vecino o vecina sin que se sepa a qué vecino o vecina pertenece la ventana…, esa reivindicación machacona del género en apenas cinco líneas no me la esperaba, la verdad. Pero de inmediato remonta y la prosa de Rosa Montero te rodea y se deja leer con mucho gusto. Y es curioso porque más adelante casi ridiculiza esa repetición machacona, no acabo de entenderlo. Tal vez debería leer sus artículos para comprenderla.
En todo caso sabes que estás ante una magnífica escritora cuyas novelas son muy entretenidas, tanto como sus obras de no ficción. Y de momento no defrauda. Clarita te gana con sus rarezas a l aves que comprendes que algo va a pasar cuando conecta con las cámaras del aparcamiento (donde, por cierto, de nuevo aparece la marca de coches a la que Rosa Montero parece tener una cierta manía, sin duda con razón). No hay prisa, la autora te va contando la situación, propone sentencias estupendas como esa de que la humillación te hace esclavo de tu propio odio, la filosofía de que o consigues lo que deseas o dejas de desear… te dejas llevar.
Sin embargo, cuando aparece la acción, ésta va creciendo en intensidad hasta hacerse bastante inverosímil, casi atropellada, con muchos flecos sin rematar (¿quién será ese Clemente que rompió varios huesos a Clarita?) y al final se te queda un regusto de cuentecillo poco trabajado y en el que mejor habríamos seguido indagando en la vida de la protagonista que convirtiéndola en inverosímil heroína…
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*Novela
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De qué va. (Quizá no quieras leerlo).
El día de su jubilación, cuando va a pasar página de muchos años de humillaciones y sinsabores, se produce un atraco en el banco donde trabaja Clarita. Aunque ella es apocada y tímida, ante la parálisis del resto de los empleados, primero ralentiza el atraco comiéndose un chip clave y luego logra escapar, herir a varios de los atracadores, evitar su fuga y acusar al responsable, el sobrino del dueño.
