El título ya da una idea de lo que te vas a encontrar si conoces la fuente de inspiración del mismo, la novela American Psycho: muerte por doquier. No descubro nada con esto porque así empieza la novela, señalando la presencia de la muerte en la época victoriana allá donde se mire.
Virginia Feito no se limita a escribir una novela de asesinatos sino que la ambienta perfectamente en su época, a través de las descripciones, costumbres, etc. pero también mediante la propia estructuración de los capítulos, sus introducciones, las ilustraciones… Y tampoco es que la novela vaya sembrando sin más de cadáveres el caserón sino que hay una interesante trama debajo, cuyo mayor defecto es que sólo aflora al final. Porque, para mí, ése es el problema de esta novela, que retrasa en exceso un final interesante y con ello la narración anterior se le atasca mientras que el colofón, que aportaría mucho si se hubiera ido anticipando, resulta así como sacado de una chistera. Además, apenas hay preámbulos: desde prácticamente la primera página sabemos que todos van a morir y constantemente se nos está anticipando una masacre, lo que acaba haciéndose pesado. Es verdad que la autora tiene gracia y que desliza constantes bromas, dobles sentidos, guiños al lector… pero que no avanzan en realidad hasta la vorágine final. El buen hacer de tantos comentarios inquietantes (la mansión parece más difícil de incendiar que su alojamiento anterior, los jardines están cubiertos de hojas color bilis y sangre (en vez de rojas y verdes), mastica haciendo ruido, le salpican restos de comida de otros comensales…) sin que apenas suceda nada acaba siendo reiterativo. Unas veces se narran sucesos horripilantes (morder el hocico a una cabeza de vaca muerta) y otras, los sucesos cotidianos se aderezan con palabras que los hacen repugnantes, pero lo cierto es que se anuncia mucho más de lo que sucede.
Por lo visto, la novela tuvo que ser reescrita porque las galeradas fueron rechazadas de plano por quienes las leyeron. Quizá entonces una tercera versión que hubiera dosificado mejor la historia habría resultado mejor porque reconozco que la escritora tiene su interés. Esas barbaridades contadas sin inmutarse, al modo que Eugenio contaba los chistes, tienen mucha gracia.
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Traducción: Gema Rovira:
El lenguaje es cuidado y bien elegido, en ese sentido es un placer notar cómo la autora te va inoculando la tensión como quien no quiere la cosa, te va enervando… Al parecer ella escribe en inglés a pesar de ser madrileña y de hablar un español como el mío. Que no se traduzca a sí misma supongo que se debe a que le supone más trabajo pero merecería la pena porque ella no escatimaría unos esfuerzos que un traductor ha de hacer por razones de simple rentabilidad. Pese a todo, en este caso la traducción es buena salvo por algunos catalanismos que, encima, provocan redundancias muy feas: “estiro del tirador”, o aún peor, “estiró el tirador”…
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*Novela
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