Unas de las cosas que me parecen difíciles de un ensayo, en el que se vierten todo tipo de ocurrencias, es darles una mínima coherencia para armar con ellas un libro. No es el caso de Una apacible turbulencia, que se parece más a los Diarios de Iñaki Uriarte que a otra cosa. Antonio Ayuso cuenta alguna cosilla científica y la mezcla con comentarios supuestamente dirigidos a su hijo y reflexiones casi metafísicas pero no logra algo coherente. Además, no basta tener un amor desmedido por tu hijo para que escribir páginas bonitas. Ni aunque se sepa griego. El libro se forma a base de unas cuantas páginas sueltas, a veces simples párrafos, con mucho espacio en blanco y muy poca enjundia, de ciencias y de letras. Hay que ver lo entusiastas que son las fajas de los libros y algunas escritoras famosas…
Por cierto, me llama la atención que un ingeniero aeronáutico de mi época, que se entusiasmó con Carl Sagan y que se hacía preguntas parecidas a las que yo me hacía entonces, se llame a sí mismo aeroespacial. Se une a la moda de los pilotos de combate, que cada vez que abren la boca mencionan al Ejército del Aireydelespacio, así, del tirón, una y otra vez. Aunque es verdad que ellos son más jóvenes, resulta chocante lo muchísimo que lo repiten. ¿Pensarán todos los profesionales de lo aéreo que tienen las competencias amenazadas¿ ¿Por los ingenieros de Minas, tal vez?
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*Ensayo
