Desde el comienzo te embarga un aire de Crónica de una muerte anunciada. El ambiente rural, aquí mejicano, los bulos, el honor absurdo… esa inevitabilidad del destino que se siente en cada palabra del narrador escaso de emociones, a modo sí, de cronista.
Es precisamente la comparación del Gitano con Santiago Nasar lo que más desmerece Un dulce olor a muerte. Sin ella, el libro mantiene la tensión e incluso le añade la gracia del enredo de los dimes y diretes hasta extremos casi surrealistas. Lástima que la narración abandona al final esa línea y saca del error al Gitano en la pensión. De haber continuado el caos de los malentendidos, tal vez el final habría sido más interesante precisamente por menos anunciado. Había páginas de sobra para aclarar unos cuántos hilos antes de concluirlas.
En otro orden de cosas, me sorprende el habla tan diferente que incluso dificulta la lectura. Me ha resultado más difícil que el argentino pues no sólo son multitud las palabras desconocidas sino incluso algunas construcciones. Posiblemente un niño entendería muchas palabras fácilmente: fuereño (el que es de fuera), ensíllate (coge una silla y siéntate), victimar… La mejor: Tapó los pescados para que no se mosquearan (no se llenaran de moscas). Pese a todo resulta interesante leer en español de otros sitios.
Ah, y otra edición estupenda de los ineludibles.
*Novela literaria
