Recomendado por la propia editora, que como me temía y según sale en los periódicos, no es muy de mi agrado en estos momentos, cuenta la historia de una niña polaca, la propia Wioletta Greg, que va creciendo desde la infancia hasta algo más que la adolescencia a base de pequeños destellos que conforman cada capítulo. Sobre todo cuando es más niña, la mezcla de sueños e imaginación con la realidad es estupenda así como la manera en que aflora la realidad del momento, régimen comunista, la religiosidad extrema, con toda naturalidad.
Aunque polaca, me llamó la atención que conectaba con España mediante algunos detalles como la canción religiosa de La barca, que tanto le gustaba al papa y que yo creía española pero que, por lo visto también se cantaba allí. También me sorprendió que reflejara la escasez de papel higiénico, precisamente uno de los detalles que recuerdo de un viaje allí justo antes de que cayera el comunismo. Y, lo mejor, que leyera a La familia Mumin. Es curioso qué poco hace falta para enlazar con personas tan distantes y a pesar de las diferencias que se aprecian en el libro.
Lógicamente aparecen muchas palabras extrañas que suelen ser más propias de una traducción excesivamente literal. Y es que, como dice el epílogo, hay que decidir entre captar el espíritu o traducir bien.
De ese epílogo también vale la pena destacar que para Polonia la película de Bienvenido Míster Marshall tal vez habría podido llamarse Esperando al Santo Padre aunque tengo idea de que éste no pasó por allí sin dejar huella en absoluto.
El relato es agradable y está bien contado pero le falta un punto álgido o un final que dé sentido al conjunto. A ratos me recordó a El camino, de Delibes pero más plano, sin que la muerte de El Tiñoso te sobrecogiera.
*Novela literaria
