(Everything is obvious, once you know the answer).
No recuerdo qué bibliografías me llevaron a Duncan J Watts, sociólogo americano que escribe con ese tono sajón tan pragmático en el que cualquier afirmación va precedida de apabullantes ejemplos reales. Tan convincentes que te hacen dudar pero que sin duda resultan muy entretenidos.
En este caso lo que viene a decir el autor, más allá de algunas digresiones político filosóficas, es que tendemos a explicar el comportamiento humano desde los resultados conocidos, lo que vicia la explicación y, por tanto, impide la elaboración de reglas útiles o de predicciones. Cuando, por ejemplo, vemos a un empresario de éxito nos fijamos en lo que ha hecho para copiarlo y no nos molestamos en analizar a la gran cantidad de ellos que, haciendo eso mismo, no han triunfado. Aún es peor: despreciamos también otras posibles empresas fallidas del empresario que analizamos. Cualquier experimento científico ha de repetirse muchas veces y se han de tomar en cuenta tanto los resultados buenos como los malos. Sin embargo, hay empresarios considerados de prestigio porque una vez acertaron pese a haber fracasado en otras muchas ocasiones. Es como jugar a la lotería y decir, cuando toca el premio, que ya se veía venir porque compró el boleto en Doña Manolita, sin que importen los años, las generaciones, que lo compraron allí sin que les tocara nunca. Nos ciega un resultado que en realidad es más bien casual (aunque haya que poner algunos mimbres para alcanzarlo) y el deseo de explicarlo todo porque no nos gusta el caos. Pero en sociología las variables son tantas que es difícil alejarse de él. Al parecer eso los publicistas lo saben bien y así afirman que la mitad del dinero destinado a anuncios no vale para nada pero que el problema es saber qué mitad es.
Un libro ameno, curioso por la cantidad de anécdotas y experimentos, que nos hace sentir que no somos tan manipulables como parece.
*Pensamiento
