Tea Rooms

Luisa Carnés

Guillermo del Campo
Fecha: 24 de febrero de 2019
Categoría: Los más fáciles

No es una novela, es más bien una crónica ficticia en la que, tras la denuncia de una situación laboral injusta, aflora un feminismo sorprendentemente avanzado para la época. Es ésa la reivindicación fundamental porque la autora va a lo esencial. Frente a la falta de principios del PSOE de la época, siempre atento a ocupar el poder por encima de consideraciones ideológicas y que se dividió para boicotear el voto femenino sin que se le acusara de oponerse frontalmente en 1931, la autora reconoce el valor de Campoamor, su lucha en solitario por el voto femenino, (contra Margarita Nelken (PSOE) y Victoria Kent (Radical Socialista) y reclama la injusticia que sufren las mujeres mucho más que la que sufren todos, hombres y mujeres.

La imagen resultante es propia del momento: la situación es insostenible pero tampoco la solución está muy clara para quienes, como Matilde, tienen la cabeza bien puesta sobre los hombros. Utopía frente a realidad. Y ni encumbra a la primera ni se ensaña con la segunda en general. Esa Matilde, la segunda que conozco de la época junto con mi abuela, tiene una mirada consciente, algo falta de ilusión pero esperando aún oportunidades. La autora en cambio asoma al final de muchos capítulos con una suerte de reflexiones que en ocasiones resultan demasiado negativas, como cuando considera al matrimonio como embrutecedor.

La edición, a pesar de ser de tapa blanda, es muy buena, de buen papel. En ella se cita a Luisa Carnés como la gran novelista de la generación del 27. Novelista, no me parece. Buena prosa, sin duda. Una forma casi impresionista de describir a base de frases muy cortas, pinceladas que casi cuesta encajar y con las que va formando el cuadro. Seca, algo dura, a modo de crónica casi, Pero ningún personaje ni ninguna historia cobra especial relevancia. Es más una especie de foto de conjunto en la que se echa de menos profundidad.

La redacción es cuidada, a veces demasiado, y llena de cultismos propios de una época en la que escribir bien requería algo de eso. Sin embargo, asoman algunas incorrecciones que aún dejan más en evidencia lo artificioso de la prosa: “guardilla”, «fraque con americana» que imagino que sería esmoquin, poco estómago pretendiendo expresar que lo aguanta todo, etc. Llama la atención el esfuerzo por alterar el orden normal de las frases: “encarnada cereza”. Creo que con ello la autora busca un aire literario a una narración que de otro modo podría ser simplemente periodística. Pero no hay duda de que el resultado es francamente bueno. También hay toques de cinismo en la narración, la descripción, hasta sobre el propio estilo de escribir. Cuando, de tan repetidas, las pinceladas sobre el calor podrían resultar cargantes, la autora remata con “los ventiladores zumban, etc.” Yo diría que percibo su sonrisa en ese etcétera.

*Sucedido

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