Hay sucesos tan conocidos que se pueden escribir historias que los aprovechen como telón de fondo y originen una complicidad entre lo que el autor no dice y el lector sabe. En el caso de la segunda Guerra Mundial eso ha originado todo un tipo de literatura específica del que ahora mismo me vienen a la cabeza El niño del pijama de rayas o Paradero desconocido. Libros que no necesitan describir horrores para que los tengamos presentes y pueden concentrarse en otras cosas que emergen de ese fondo. Como el abrigo rojo de La lista de Schindler.
Aquí sucede también pues sólo en ese contexto la historia de un hombre viejo abandonado en un sanatorio cobra una cierta intensidad. Sin embargo, incluso así se queda un poco corta a mi juicio. El abrigo rojo tampoco era, tampoco podía ser, el soporte de la película de Spielberg. Me parece que la introducción de tantas páginas de correspondencia entre las anotaciones de un diario no le hace bien al libro aunque con ello parezca que se explica mejor. Hay muchos ejemplos de buenos diarios que lo demuestran.
Con todo, hay que reconocer lo mejor de Salvar a Mozart: una gran dosis de ironía en el relato y una dura crítica a famosos directores de orquesta alemanes que al parecer triunfaron en toda circunstancia. El taconazo en pijama es memorable y las lágrimas causadas por el humo confundidas con la emoción, también. Supongo, además, que para quienes tengan buenos conocimientos musicales será aún mejor, no en vano se trata de las tribulaciones de un auténtico melómano que supongo que debe ser Raphael Jerusalmy.
Ah, en español los cigarros no se enrollan, se lían. Error de traducción. En compensación hay que alabar la magnífica encuadernación, cada vez más rara de encontrar.
*Novela literaria
