Un libro cortito se puede permitir muchas cosas que otro más largo no. El tono cínico y el sarcasmo tienen un límite que, de hecho, se alcanza en el libro en el último tercio. Pero para entonces ya está todo hecho y la novela se lee perfectamente. Capítulos también cortos que van dando grandes rasgos descolocados de la vida de la protagonista y que te hacen sonreír.
Y ese caos controlado es capaz de dejar paso a un final que te deja con ganas de más.
Lo difícil sería seguir conociendo la vida de esta chica en adelante o profundizar un poco más en esos trazos tan escasos de los que disponemos. Pero eso ya serían palabras mayores. Eva Baltasar se queda en eso más fácil y la verdad es que resulta muy agradecido.
Curioso el poder evocador del lenguaje. “Pero a mí ya me iba bien así” te lleva al paseo de Gracia directamente porque en el paseo del Prado se habría dicho de otra manera.
*Novela literaria
