Son cinco relatos un tanto extraños, al modo de los de Borges en donde pasan cosas inverosímiles que se cuentan como si fueran cotidianas. La prosa es estupenda y, pese a lo extraño, el primer relato, El ruletista, resulta cautivador. Desde el principio de va dejando pistas que podrás hilar al final. La suerte del ruletista me recordó mucho a la memoria prodigiosa de Funes, el memorioso.
El problema es que las restantes historias son casi oníricas y no me interesaron demasiado. Tampoco ayuda que no conozca nada de Bucarest y que la nostalgia de Cartarescu en este caso me diga poco. En Mendébil, aún el final es clarificador pero REM me pareció un tostón, la verdad. A veces uno no sabe ni quién es el narrador en medio de un cúmulo de detalles intrascendentes y un elenco de personajes que aparecen y aparecen casi como por arte de magia. Si acaso el último, El arquitecto, tiene algo más de gracia aunque se alarga en exceso con una locura que uno cree que ha tocado techo y sigue escalando muchos más pisos de lo que me parece necesario. Casi diría que con leer el primer relato y el prólogo de Edmundo Paz (que ya anticipa algo de lo que sucede), basta.
Traducción: Marian Ochoa de Eribe
Buena traducción (no sé rumano de manera que sólo puedo decir que, en español, se lee perfectamente. Además, pone alguna nota que siempre es bien recibida.
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