Una biografía de la vida del general, particularmente de su dictadura, que se nota escrita por un experto y un profesional de la materia. Tanto, que aunque Alejandro Quiroga deja ver perfectamente la animadversión que siente por el personaje, eso no impide hacerse una buena idea de conjunto.
Sí, el autor destaca quizá en exceso los defectos personales de Miguel Primo de Rivera, lo que choca un poco con el carácter público de un gobernante. ¿Qué político no miente a diario? ¿No predican todos grandes conductas que no siguen en absoluto en privado? ¿A qué entonces reprochar tanto que el marqués de Estella prohibiera el juego siendo jugador él mismo, por ejemplo? Eso puede criticársele al político en activo, naturalmente. Si un político se escandaliza en un mitin porque haya asistentas sin dar de alta, mala cosa es para sus votantes que ese mismo político tenga una sin contrato siquiera. Pero para el personaje histórico ese tipo de defectos tan absolutamente generalizados entre todos los gobernantes habidos y por haber, tiene poca relevancia. Quizá podría destacar el hecho de que Primo de Rivera no se enriqueciera especialmente durante su mandato porque, sin ser tampoco lo más importante históricamente hablando, al menos resulta algo más inusual. O que abandonara su dictadura con cierta facilidad, cosa harto infrecuente entre los dictadores.
También se echa de menos un relato más prolijo de las actuaciones principales de aquella época: exactamente qué mejoras hubo en infraestructuras, cómo se gestó la liquidación de la guerra de Marruecos… El autor casi ningunea estos aspectos pero sin dar detalles y habría sido bueno conocerlos. Es cierto que para la figura histórica pueden no ser tan necesarios, y al fin y al cabo, hablamos de una biografía, pero me habría gustado más información de una década que, en realidad, sirvió de transición entre la Restauración y la República.
