Leer en argentino te hace detenerte mucho más en el lenguaje y reflexionar sobre por qué decimos lo que decimos. ¿Por qué aquí usamos tiendas de campaña cuando vamos de excursión y allí dicen carpas? ¿Porqué sus piscinas tienen guardavidas en vez de socorristas? Sorprende la facilidad que tienen para inventar palabras mezclando idiomas como, por ejemplo, “bipear” para expresar la sustitución en televisión de una palabra malsonante por un pitido. A cambio, el inglés se les mete hasta el tuétano y usan “bizarro” como estrafalario cuando en español es otra cosa. O era… Pero para leer en argentino me habría bastado con un periódico.
Me dejé llevar por el nombre de Pedro Mairal, del que había leído un par de novelas y algún artículo que me gustaron mucho, pero resulta que este nuevo libro suyo no es una novela. Es un refrito de artículos, reflexiones y otros varios. Y bien claro lo dice la contraportada: una serie de relatos entre diario personal y crónica, una autobiografía involuntaria, la trastienda del escritor… El problema es que a mí no me gusta leer las contraportadas si no me es imprescindible para animarme con un libro. Y aquí el autor me valía como garantía.
Craso error. Y no porque el autor sea malo, que no lo es en absoluto, sino porque me parece que no tenía material para un libro. En él se desliza la idea de que no encontraba cómo seguir escribiendo y que por alguna razón y con la ayuda de una periodista compilaron unos cuantos textos antiguos con otros nuevos para sacar 250 páginas encuadernadas. Algunos de los relatos ya los había leído en su blog con lo que ni siquiera esas partes un poco más armadas son una novedad. En todo caso ni ésas daban para ser el soporte de todo lo demás.
El resultado me parece decididamente malo. El autor se pierde muchas veces en disquisiciones y soliloquios que no van a ninguna parte y que carecen de interés. Y eso a pesar de que leo con cariño algunas explicaciones acerca de esas novelas suyas que tanto me han gustado. A pesar de que la trastienda de un escritor podría interesarme. A pesar, incluso, de que tiene destellos buenos, reflexiones interesantes e historietas divertidas de vez en cuando. Tal vez algunas de esas historias darían, bien desarrolladas, para un libro pero el popurrí que hace no, aunque se publique con ese formato. Demasiada paja, a veces simples notas, sin valor ni interés, al menos para mí.
Me recuerda un poco a Auster en cuanto a lo del escritor mujeriego, bebedor… y por los experimentos literarios con los que, en mi opinión, de vez en cuando nos tima.
*Relatos
