Se trata de un tebeo en blanco y negro con el dibujo muy expresivo de Carlos Giménez y las orejas de soplillo características de tantos de sus personajes. Es evidente que en el dibujo tiene mucho de Will Eisner por los gestos de los personajes, el dibujo de líneas, etc. Me gustó releerlo porque tenía una idea algo negativa debido al hastío del revisionismo de la guerra y la verdad es que, dejando de lado eso, es un buen tebeo.
Es verdad que, como otros tan convencidos de sus ideas, cree necesario prescindir de la objetividad. Así, a los falangistas y militares suele ponerles tibias cruzadas y otras lindezas como insignias. Por supuesto, la tesis general del tebeo es que en 1936 la democracia luchaba contra el fascismo. Es curioso que las democracias europeas no lo vieran así y alguien tan poco dudoso como Clara Campoamor lo negara de plano. Insiste una y otra vez en la tesis simplista, y completamente actual, de que la culpa de todo, incluso de las atrocidades propias, es de quien empieza la guerra el 18 de Julio y punto. Es como si se culpara al PSOE que se levantó contra la república en la revolución de 1934 de la represión posterior de Asturias. O ya puestos, de haber comenzado una revolución que acabó con el triunfo del fascismo.
Pero todo eso aparte, destaca el pragmatismo y sensatez de Lucía, la madre, que sin renunciar en absoluto a sus creencias, da muchas lecciones de cómo hay que vivir. Es con la gente normal de entonces, que no se engañaban tuviera las ideas que tuvieran y con la gente normal de ahora que tampoco se engaña con ilusiones histórico-politizadas, con la gente con la que da gusto compartir petaca y comentar los malos tiempos que fueron aquellos años y cómo los reflejan las anécdotas y los dibujos del tebeo.
*Tebeos
