Tenía yo mala impresión de estos libros tan afamados porque no me merecían la menor garantía aquellos a los que veía que les gustaban pero conocí a una señora que sí sabe de libros que me los recomendó… y seguí el consejo. La novela histórica es un género que me apasionó cuando tenía veinte años pero que ya no me gusta nada. Prefiero las novelas sin pretensiones didácticas porque lo que pueden enseñar de Historia es poco. Maldita Roma enseña cosas, sin duda, pero no compensan que esté escrita de una manera tan mediocre, como de guión de cine que está buscando que le hagan la película, con un tono grandilocuente que desde la primera página se llena de augurios favorables para el protagonista, con malos malísimos con su correspondiente toque sádico-sexual… Está claro que Santiago Posteguillo quiere vender libros y les pone todo lo políticamente correcto: su toque populista, el feminista… No importa, aunque cuadren tan mal en la época que refleja como tampoco importa mezclar palabras en latín, para ambientar, con “puta guerra” más actual. Y cuando toca meter algún cuento, no se complica y hace como el tío Petro: “entonces se puso a contar su historia…” y te larga el rollo.
Enseñar Historia con una novela no puede ser excusa para escribir sin transiciones, emplear anacronismos como «cónclave» o «sátrapa», confundir “esfinge” con “efigie”, no saber lo que es “apostillar”… Pero si además no sabemos qué parte de la Historia es cierta y cuál inventada y el libro es tan absolutamente previsible, el resultado es muy malo. No digo yo que no cubra un nicho de mercado y que anime a la lectura a quienes empiezan. Incluso que tal vez logre que le hagan la película que busca. Y hasta puede que yo la vea. Pero leer estos libros no me aporta absolutamente nada.
Traducción:
Lo más importante para traducir bien es conocer el idioma al que se traduce. Aquí no hay traducción ninguna pero también sería bueno saber español. “No fue mi culpa” es un calco del inglés (“it´s not my fault”/“no es culpa mía”) cuando aquí no hay inglés del que traducir, que tiene más delito. Y lo mismo puede decirse de “fue bajo mi mando que su popularidad se acrecentó”. Sólo le ha faltado que César dijera “qué bueno que viniste” al centurión que acude a ayudarle .
Y una cosa más: no se puede cruzar el umbral, así, en abstracto, como tampoco podemos coger el asa en general. Hay que hacer referencia al recipiente al que pertenece y diremos que cogió el asa de la taza o, nos habrán dejado claro antes a qué taza se está refiriendo. Cuando se habla de un umbral hay que decir también a qué puerta corresponde. Escribir bien no es usar palabras bonitas sino saber usar las adecuadas.
*Novela
