La verdad sobre la luz

Audur Ava Ólafsdóttir

Guillermo del Campo
Fecha: 8 de mayo de 2024
Categoría: Sin categoría

Se trata de una novela de ésas que Landero califica de novelas literarias, en las que lo importante no es qué se cuenta sino cómo se hace. Sin embargo, desde las primeras páginas aparece un problema irresoluble: lo poético del título viene, por lo visto, de la palabra “lójosmódir”, que en islandés se forma con “lójos” (luz) y “módir” (madre), algo así como “madre de la luz”. Sin embargo, en español no tenemos nada mejor que la palabra “comadrona”, que evidentemente carece de la poesía de su equivalente islandesa. No sólo eso de la luz no está en nuestra palabra, es que, además, ni el prefijo “co” ni, sobre todo,  el sufijo “ona” le hacen ningún bien a la raíz, «madre», que no podría salir peor parada. El «co» de comadre suena peor que algo como “comaternidad” o “comaternal”, quizá porque recuerda a celestina y a compadre que a su vez nos lleva a cómplice de alguna barrabasada. Pero con ser malo el prefijo, el sufijo acaba de destrozar la palabra pues «ono» nos lleva a “mujerona” con lo que tiene de despectivo, de grandón y de violento. Realmente la autora lo tenía muy difícil al ser traducida al español. Por si fuera poco, la editorial le ha cambiado el título al libro (era algo como «Vida animal») con lo que sin duda incrementó las ventas pero también las expectativas que, una vez comprado el libro, se ven defraudadas.

Superado eso, lo cierto es que la novela apenas cuenta nada pero sí lo hace de una manera curiosa: es un libro que habla de sí mismo en segunda derivada. Que cuenta los escritos y recuerdos de alguien a través de su sobrina nieta, que, a su vez, los reproduce en su narración de la misma manera. Así, cuenta que trata de poner orden en los escritos de su tía, carentes de la más mínima estructura lógica o tensión narrativa, y lo hace con el mismo desorden. Como la tía, la sobrina también alterna lo cotidiano con lo filosófico. Es como si, más allá de la descripción que hace la sobrina, la propia narración sea un ejemplo de lo que quiere contar.

Por contar, cuenta tan poco que lo más emocionante es la aparición de un turista o las reformas que acomete en su casa, ambas cuestiones intrascendentes. Y Ólafsdóttir llega incluso a reírse de lo insustancial de su prosa (a lo largo de ella se prevé una tormenta que luego no es para tanto y que siéndolo, pasa tal como ha venido) y de esa falta absoluta de estructura:  comenta que está de moda escribir así y que ello no es sino un reflejo de la falta de gusto literario actual y añade también que planificar es morir. ¿Está diciendo que ella misma carece ella de gusto literario o se cree al margen de sus propias críticas?

Aún podría decir algo más de la manera de narrar: lo poco que pasa en la novela, apenas lo cuenta simplemente sucede alrededor de la narración: cuando la protagonista acude a consolar a una madre con aparente depresión postparto, sabemos de sus dolencias por su marido, sabemos que éste las deja a solas para que hablen y sabemos que le llaman al rato, cuando han acabado la conversación. Y más adelante sabremos que días después la madre saldrá de casa a jugar con la nieve, en lo que podríamos interpretar como una mejoría de su depresión. Pero lo que sería esencial del suceso (uno de tantos del libro), la conversación, la madre triste, la mejoría… de eso no se cuenta nada. Si hubiera habido una inundación sólo sabríamos de ella por algún charco que la protagonista encontrara por la calle o por esas arañas que dice que se lleva el viento pero no nos contaría sus estragos mientras estuvieran sucediendo. De la solitaria protagonista que nos describe, apenas llegamos a intuir que ha tenido varios novios e incluso que estuvo embarazada.

No, no me ha gustado nada el libro por lo vacuo del relato pero reconozco que está escrito de una manera muy curiosa y que, de no haber una traducción por medio, hasta podría haber sido una buena novela.

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Traducción: Fabio Teixidó Benedí

Desde luego, el traductor no tiene la culpa de que a esas madres de luz se les llame con una palabra tan fea en español. Y, por lo demás, su influencia en el texto es pequeña. Sí se hace un poco raro que hable de “departamentos” hospitalarios, que en español suelen ser plantas (de maternidad) o unidades, como más adelante él mismo traduce en otro momento. Y tampoco es fácil pensar en que una mujer coja un pájaro muerto para enseñárselo a un ornitólogo y que coja para ello un “bolso” en vez de en una bolsa pero son simples detalles que apenas afectan al conjunto.

Más allá de la traducción, resulta curioso que en Islandia tengan «lámparas de amanecer» para remedarlo en los meses en los que apenas ven el sol. Y también que se líen a martillazos para ablandar unas chuletas de cordero. Aquí se usa una maza, no un martillo, y sólo para piezas de vacas o bueyes. Pero es que, por aquellas latitudes, los corderos tienen más de elefantes de que de lechal.

*Novela literaria

 

De qué va. (Quizá no quieras leerlo).
Una mujer soltera heredó de su tía abuela un piso en el que vive y va sacando sus recuerdos y escritos que le afectan más directamente por compartir con ella la profesión de comadrona.

 

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