La tribalización de Europa

Marlene Wind

Guillermo del Campo
Fecha: 23 de febrero de 2021
Categoría: Sin categoría

Me interesaba mucho la opinión de una europea autorizada acerca del independentismo catalán. Me interesaba además porque Marlene Wind no es una especialista en España y por tanto podría ofrecer un punto de vista desde la neutralidad y la distancia.

Como era de esperar, su condena de los sucesos de 2017 no tiene paliativos. Aquello fue un atropello a la Democracia y el hecho de que la autora parta de una posición neutral y distante no le impide constatarlo así, lo que da más valor a su opinión. De hecho, se le nota esa distancia y un cierto desconocimiento pues también destaca la violencia desatada por la policía en esa infausta jornada, cayendo, en mi opinión, en el montaje mediático preparado por los independentistas (que, por otra parte, ella misma denuncia). Sí, hubo algún episodio violento pero fundamentalmente fruto del deseo de difundir imágenes de ese tipo por el mundo. También, se hace eco la autora de que el 90% de los escasos votantes apoyaron la independencia y aunque dice que no había garantía alguna de la validez de los recuentos, me parece que destacar unos porcentajes tan poco fiables no hace sino fijar otro montaje mediático. Lo que sí comparto es su crítica a Rajoy. Cuando uno ve que entran en su casa a robar, no llama al juzgado sino a  a la policía. Y en Cataluña se cometieron delitos flagrantes desde varios años atrás a los que se respondió con una pasividad calculada y ventajista que ha permitido heridas que tardarán mucho en curar.

Por acabar con los aspectos negativos del libro, tampoco me parece que muy riguroso: comenta tres o cuatro episodios recientes de lo que llama tribalización como es el brexit, el independentismo, y los populismos húngaro, polaco y de Trump pero lo hace de una manera muy superficial y bastante de oídas.

Sin embargo, lo importante es su tesis, que se sostiene por sí sola aunque los ejemplos que ponga estén poco elaborados: Aunque nuestro sistema político se llame Democracia, votar es sólo una parte y no la más importante, del mismo. Quizá tras las guerras mundiales surgió esta simplificación por oposición a las dictaduras, una vez que se constató que los sistemas democráticos eran fuertes y capaces de hacerles frente con éxito. Pero la democracia no es más que la forma de elegir a los representantes. Nuestro sistema, que la autora denomina democracia liberal, se basa sobre todo en la independencia de poderes y en la existencia de varios que se contrapesen y equilibren. En unas instituciones capaces de funcionar con independencia de los vaivenes políticos y, ahora mismo, de los populismos.
La autora destaca que hay cada vez más intentos de limitar estas instituciones y esconder el autoritarismo tras una mal entendida democracia de votaciones, referéndums, etc. que son fácilmente manipulables y que no deberían consentirse porque atentan directamente contra todos nuestros valores. Se trata de la eterna máxima de que no se debe votar aquello que está mal per sé, algo que aunque es fácil de entender, en la práctica se obvia con demasiada frecuencia. Es lo que llama “mayoritarismo”, que viste de democrático (y estrictamente lo es) lo que en realidad es una manipulación.

En el libro se advierte de que cuanto más fuerte es el ataque a la libertad, más se escuda en “el pueblo”, ya sea porque se interpreta su voluntad de modo muy interesado o porque se le llama a refrendar absurdos e ilegalidades sin las menores garantías. Se pone de relieve lo ridículo e inseguro de aceptar diferencias mínimas en los votos emitidos para dar vuelcos a situaciones que vienen de mucho tiempo atrás.

Hay muchos aspectos que pueden comentarse del libro pero sin duda el más controvertido, que comparto plenamente, es éste de que votar no es lo más importante o, al menos, no es en absoluto lo único importante en nuestro sistema. Cuando se escucha que las monarquías no son democráticas o que para justificar que se puede cambiar de forma de vida mudándose desde Vallecas a Galapagar se llama a las urnas, no puede uno menos que recordar a la extinta República Democrática Alemana, que ponía en su nombre la mayor de las mentiras en comparación con la República Federal Alemana.

Las palabras tienen mucha importancia. Han proliferado las titulaciones que incluyen la de arquitecto o ingeniero entre las que antes eran de aparejadores, peritos o simples decoradores (arquitectos técnicos, arquitectos de interiores, ingenieros de edificación, ingenieros de diseño…) Con las palabras se visten muchas mentiras y engaños y dado que últimamente lo que se está invocando para todo es la “Democracia”, sin más, quizá debiéramos pensar en cambiar de nombre a nuestro bendito sistema político para que no dé lugar a equívocos.

*Pensamiento

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