La revolución española vista por una republicana

Clara Campoamor

Guillermo del Campo
Fecha: 18 de agosto de 2021
Categoría: Sin categoría

Mi abuela trató a Clara Campoamor. En los años treinta las mujeres universitarias eran pocas y frecuentaban los mismos círculos. Campoamor era progresista (en el sentido verdadero de la palabra), demócrata, republicana y de izquierdas en una época en la que ser alguna de esas cosas no necesariamente incluía ser las demás. Como diputada sacó adelante el voto femenino a pesar de la oposición de gran parte del progresismo (en el sentido propagandístico de la palabra:  la mitad de los diputados del PSOE votaron en contra). También promovió el divorcio.

La revolución española fue escrito en los cuatro primeros meses de guerra civil, abrumada la autora al ver cómo había acabado la república, y con la experiencia de ese primer verano de guerra pasado en Madrid. Como ella misma dice, carecía de información fidedigna del bando contrario y aunque le supone una barbarie similar a la del bando gubernamental, sólo se atreve a dar testimonio de lo que vio en éste. De hecho, al parecer años después quiso retirar el libro. Posiblemente comprendió que una parte de la verdad, por cierta que sea, puede resultar menos verdad. O tal vez tuvo miedo porque en aquellos tiempos la coherencia se pagaba muy cara en los dos bandos. Sea como fuere lo que importa es que escribía desde la cercanía, desde el conocimiento profundo de los hechos y desde su indudable compromiso democrático (del de verdad, no del de la República Democrática Alemana, etc.).

El libro parece escrito a vuelapluma, sin repasar, y en algunos detalles resulta algo confuso. Pero en lo esencial coincide con otros republicanos ilustres como Camba o Chaves Nogales y con otros conocidos historiadores como Thomas o Preston o tantos otros. Resulta, sin embargo, llamativo el  silencio tejido en torno a este libro, posiblemente el más inmediato de entre los escritos por los protagonistas de la época y, además, el que tenía más posibilidades de ser objetivo por cuanto en 1936 Campoamor estaba retirada de la política. Sorprende que hoy, cuando en los últimos quince años estamos resucitando los fantasmas de la guerra civil cada vez que se nos acercan unas elecciones, un testimonio tan autorizado como éste sólo se editara al calor de las efemérides del voto femenino y aún así siga pasando desapercibido. Aún diré más: la lectura de las páginas de autorización para esta edición que escribe la presidenta de la asociación Clara Campoamor me ha dejado la sensación de que no le agrada en demasía la publicación de este libro. Ya sorprende que se requiera autorización para publicarlo y que además se incluya dicha autorización en la edición pero es que además la presidenta se siente obligada a aclarar en esas páginas que Campoamor “nunca habría querido que se utilizara como arma arrojadiza contra su República”. Y también parece que necesita justificarse “Desde el dolor y la soledad del exilio escribió este libro y yo, desde ese mismo dolor que compartí con mi abuela republicana represaliada por una dictadura que sufrimos durante cuarenta largos años… autorizo aquí y ahora su publicación.” Pareciera que el testimonio de alguien tan respetado y que estuvo en una situación que le confiere tanta credibilidad resultara molesto.

Difícilmente podría arrojarse nada ya contra la república porque tras noventa años no está en condiciones de recibir golpes. Quizá los temores vengan de quienes se han inventado otra república, muy diferente de la república de Campoamor, y ahora, no en el siglo pasado, la ordeñan a diario en su beneficio electoral y la emplean para intentar soliviantar a los nietos de aquéllos de hace casi cien años. Contra eso sí que el testimonio de Clara Campoamor es una verdadera carga de profundidad.

De manera muy significativa afirma en el libro que la guerra no surgió en absoluto como una lucha entre el fascismo y la democracia aunque se quisiera vender así y aunque acabara siendo una guerra entre fascismo y comunismo. Usando sus mismas palabras, muy resumidamente, Clara Campoamor, abogada y exdiputada, describe (recordemos, en Noviembre de 1936), lo sucedido en Julio y Agosto de la siguiente manera:

  • En Julio se produjo un alzamiento republicano y antimarxista contra un gobierno legítimamente constituido. Éste, irresponsablemente, entregó las armas al pueblo perdiendo todo control sobre él y haciendo ciertos los temores de los sublevados. No duda en calificar a todo ello, golpe y entrega de armas, de revolución y así figura desde el título. Como muestra, dice que durante las primeras semanas de guerra las banderas de la mayoría de los alzados llevaron el escudo republicano mientras en Madrid las banderas españolas se sustituyeron de inmediato por las rojas y rojinegras.
  • Los dos extremismos antidemocráticos se habían levantado ya contra la república. En 1932 Sanjurjo, el general que un año antes había facilitado la proclamación de la república, y dos años después, en 1934, Largo Caballero como líder del PSOE. El caos de violencia en el que estaba sumido el país desde las elecciones de Febrero de 1936 en las que pasó a gobernar el Frente Popular arrinconó a los republicanos demócratas. Para la mayoría de los ciudadanos moderados, con el asesinato de Calvo Sotelo a manos de la policía y la ostentosa impunidad de sus autores murió también el debido respeto al gobierno.
  • Una vez declarada la revolución, por un lado el fascismo y por el otro el socialismo bolchevique y el anarquismo, dejaron fuera a la tercera España moderada y democrática. Campoamor consideraba, en Noviembre de 1936, que si en los meses siguientes hubieran ganado la guerra los nacionalistas el resultado iba a ser, sin duda, una dictadura militar pero que si ganaban los gubernamentales vendría una dictadura del proletariado. Creía firmemente que ninguno de los bandos luchaba por una España democrática.

Aunque sorprendente, la clarividencia de Campoamor en Noviembre del 36 no deja de ser lógica porque verdaderamente conocía bien el paño.

En el libro desarrolla algunos otros razonamientos interesantes como persona estudiosa y preocupada por España. Esas ideas, no por menos autorizadas dejan de tener interés: los odios a la Iglesia tenían sus razones históricas aunque la barbarie desatada fuera injustificable; fueron los políticos de la segunda Restauración quienes a principios del SXX trasladaron sus responsabilidades al ejército, enajenándolo al resto de la sociedad; la masonería fue utilizada durante la república por el PSOE para sus propios fines… Un libro interesante, sin duda.

*Historia

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