La rebelión de las masas

José Ortega y Gaset

Guillermo del Campo
Fecha: 8 de junio de 2018
Categoría: Ensayo

Leer este tipo de libros, cuando menos, provoca reflexiones muy sanas. No me es fácil interpretar bien a José Ortega y Gaset porque es denso y quizá requiera de más conocimientos acerca de su pensamiento. Con todo, es apasionante encontrar explicaciones a los aspectos de hoy remitiéndose a las que el autor daba hace un siglo.

Ortega se muestra valientemente independiente de las ideologías comunistas y fascistas de las que denuncia que nada tienen de nuevo salvo su mayor defecto: encumbrar a lo gregario, a la masa, aspecto que por lo que veo es lo que al final ha perdurado hasta hoy. Tiene mucho de clasismo sin por ello dejar de ser cierto. Como explica, la masa se vale por su peso, por la mayoría, y reivindica el derecho a no tener razón. Millones de moscas no pueden estar equivocadas. Pero no es la masa sino el hombre masificado quien preocupa porque es en el individuo en donde triunfa el “forofismo” por encima del pensamiento y que yo también percibo en nuestra sociedad de hoy de hoy: se es de un partido político u otro como se es de un equipo de fútbol, sólo con el corazón. A cuántas personas les he oído expresar su incapacidad de votar al partido contrario por más razón que tenga… Son demasiados los que a lo más que llegan es a abstenerse de votar a su equipo-partido cuando su desastre alcanza dimensiones mayúsculas.

La propaganda sustituye a la verdad porque la masa no se molesta en pensar, prefiere el populismo, las consignas fáciles. Nunca tuvimos tanta información como hoy y esa masa que, como dice Ortega, ha conseguido un bienestar material importante, prefiere seguir consignas sin molestarse en mirar si algo está fallando. Convencidos de su derecho a tener opinión propia, no se ocupan de fundamentarla en lo más mínimo y se limitan a asumir la consigna. Es el relativismo de que, con el derecho a que se respete cualquier opinión, uno no haya de esforzarse ni en pensarla un poco. Es tu verdad contra la mía sin que la realidad, el esfuerzo, la moral, el estudio, los conocimientos valgan nada. No hay moral, sólo una dejadez basada en ese bienestar que nos permite decir cualquier tontería y tachar de fascista a quien se atreva a rebatirla por la base. Con fuerte sentido de la supervivencia elude la masa toda discusión serena porque quien sólo tiene consignas carece de argumentos.

Reconozco en todo esto a demasiados de entre mis cercanos que con su mejor voluntad tolerante y la indolencia de “qué más da” valoraban sólo por su aspecto campechano a una nueva alcaldesa de su ideología del alma. Transcurridos varios años todavía no han hecho el menor esfuerzo por ver si esa imagen ha estado mínimamente respaldada por los hechos.

Ortega habla de muchas más cosas, pone en valor el liberalismo, teme el predominio de la técnica especialista que hace expertos en lo mínimo e ignorantes de casi todo, advierte del peso del estado y propone a Europa como estado futuro como en su momento fue España para Castilla y Aragón. ¿De verdad se escribió hace un siglo?

*Pensamiento

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