Lo primero que llama la atención al comenzar a leer es que le faltan epígrafes y referencias que estructuren el libro. Es posible que La Primera República recoja un buen trabajo de investigación, carezco de conocimientos para juzgarlo, pero ciertamente no es una buena lectura y a duras penas ilumina el periodo tratado. Es posible, sí, que ponga algo de luz en algún aspecto como apuntando con una linterna, por ejemplo, hacia el escaso protagonismo de las mujeres. Pero en absoluto aporta una imagen de conjunto. A diferencia del otro libro de la época que reseñé, aquí se bucea en detalles muy pequeños que sólo cabe suponer que serán útiles para el experto pero la verdad es que no acabo de acertar con la bibliografía. En todo caso, el problema no es de detalle, Paisanos en lucha es un ejemplo de detallismo esclarecedor que ofrece un panorama bien interesante.
Quizá el desbarajuste que supuso la primera república, colofón absoluto de todo el sexenio, se haya contagiado un poco al libro o quizá no había más intención que aportar algunos datos, de afirmar que tanto Martínez Campos como Franco interrumpieron lo que tenía un futuro prometedor y de poco más. Lo cierto es que no por casualidad en España decir que “esto es una república” es denunciar un caos que, efectivamente ha resultado ser caracterizador de los pocos años en los que es España se ha probado esa forma de estado.
En realidad, la forma del estado es irrelevante en la actualidad salvo para los nostálgicos de una utopía idealizada, que se encandilan con la idea. En el SXIX también eran conscientes de ello. Que los dos experimentos españoles hayan acabado mal (o antes de tiempo, dicen) no significa nada cuando existen repúblicas tan consolidadas como la francesa o la estadounidense. De la misma manera, monarquías como la británica o la holandesa demuestran que también son sistemas perfectamente válidos. La cuestión de república o monarquía refleja sólo el deseo de ser o no consecuentes con la Historia. Los franceses están orgullososo de la Revolución Francesa y los británicos de sus muchos éxitos coronados. En España, con ese afán autodestructivo que nos caracteriza, pero también con un espíritu autocrítico envidiable, hay quien quiere recordar a los Reyes Católicos y quien prefiere a Bartolomé de las Casas.
*Historia
