La novela está escrita en tres partes con capítulos en su mayoría cortos, cosa que al menos es cómoda aunque se echa de menos una estructura más elaborada. La nieta trata, en primer lugar, del amor. El amor de fondo, el de las personas mayores que se perdonan muchas cosas por lo mucho que disfrutan con otras, y que se ve casi desde la primera página, cuando el protagonista llega a casa y ha de ponerse a recoger copas del suelo. Sí, es un hombre frío pero eso no desmerece en absoluto su amor. También trata luego del amor profundo de los jóvenes que deciden empezar una vida juntos dejando atrás lo anterior, saltando, como es el caso, el muro de Berlín, y afrontando un mundo desconocido. E incluso La nieta va más allá y sin apenas lugar para el enamoramiento alcanza el amor por persona interpuesta, el de padres e hijos y el de abuelos y nietos. En un momento dado el protagonista dice que si deja de creer en su mujer morirá del todo. Y eso es importante porque, hasta entonces, él puede tratar de revivirla completando una tarea que ella nunca fue capaz de abordar pero que le destrozó la vida por completo. No diré que trate todo esto en profundidad, al fin y al cabo es una novela, pero ciertamente tampoco lo hace a la ligera. En todo caso el libroi tiene un buen ritmo que no decae en ningún momento y que hace que se lea con ganas desde la primera a la última página.
La otra línea narrativa de Bernhard Schlink es cómo tratar con personas de ideologías totalmente opuestas, no ya a las nuestras sino a las más elementales reglas de convivencia. Kaspar no es militante de nada, simplemente es un ciudadano normal, culto y demócrata en el mejor sentido de la palabra. Para él, tratar con personas a las que resulta difícil tener el menor respeto porque niegan la realidad y encuentran explicación y disculpa para todo, hasta para las acusaciones más terribles se hace casi imposible. Desde “es mentira” hasta “es un mal menor” pasando por “y los otros, más” no pueden servir para justificar violencia, amnistía o corrupción. La nieta deja claro que el trato con esas personas quizá sólo sea posible si media un cariño ajeno a lo racional, propio de la familia. Porque lo racional, lo sencillo, choca con lo fanático y si todo vale, hasta el asesinato para frenar a los otros, lo único que queda es mirar hacia el lado bueno que toda persona tiene aunque cueste separarlo de la ideologización que busca invadirlo todo. Sí, es un problema de ideologías extremas pero también lo es de los forofos de tantas cosas entre las que hay que a la de lo políticamente correcto también.
Por lo demás, es bonito cómo Sigrun va descubriendo un mundo a través de los libros y la música. Es verdad que sería bueno saber algo más de Alemania y de música al leer el libro pero pese a ello se transmite lo esencial como, por ejemplo, que basta con alegrarse de lo que uno es, sin necesidad de estar orgulloso de ello, porque ningún mérito tiene ser de un sitio concreto. Es cierto que el motivo de orgullo debiera estar más en lo logrado con nuestro esfuerzo y que los derivados de ser simplemente algo debieran reducirse a una justa medida, al contrario de lo que muchas veces sucede con los nacionalismos. La nieta también nos hace reflexionar acerca de lo difícil debe ser padre adoptivo, cuando te falta la seguridad de lo biológico para mantener un rumbo claro. O acerca de cuánto más educativos son los comportamientos que las palabras… O de lo difícil que es asimilar tanto odio. Recuerdo que estuve en Auschwitz hace muchos años, un día nevado, solitario, con muy poca gente, y tras pasar por todos aquellos barracones de horror no quise acabar visitando en las cámaras de gas. Había visto suficiente. Ver esa locura reflejada en alguien querido debe ser duro.
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Traducción: Daniel Najmías
Buena traducción en la que sólo me molestó que “plegara” las mantas en lugar de doblarlas. Quizá el vivir en Barcelona tenga algo de culpa. Pero me hizo preguntarme si la frase “sangre, sudor y lágrimas” será traducción directa del alemán o adaptación (buena) del traductor.
*Novela
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