El libro de Mora- Sanguinetti pretende reflexionar sobre algunas cuestiones importantes relacionadas con el funcionamiento de la justicia como institución básica que hace avanzar un país. Y pretende hacerlo con datos estadísticos como corresponde a un economista como el autor. Sin embargo, me parece que se queda en muy poco. Tiene más de trabajo universitario que toca mucho sin profundizar en nada y que mete gráficas y fotos con escaso fundamento. Y lo que es peor, con un cierto sesgo complaciente que nos pone en la media cuando, bien tratados los datos, estamos muy por debajo de ésta.
El índice es un compendio prolijo de titulares periodísticos que luego en el texto quedan en nada. Por ejemplo, cuando podría abordar el prorrateo de las costas procesales como elemento moderador de las pretensiones de los litigantes, se limita a contar muy brevemente que hay dos sistemas, el americano (cada uno lo suyo) y el inglés (quien pierde, paga). Otro ejemplo son las escasísimas líneas que dedica a la mediación de conflictos cuando un supuesto libro de reflexión sobre la justicia no debería zanjarlo con tan poca cosa. De hecho, en una de sus conclusiones finales toca la necesidad de que las sociedades desarrollen la confianza entre sus miembros cosa a la que, precisamente, la justicia no ayuda. (La justicia, en todo caso, dará confianza en que sus miembros se verán obligados a cumplir las normas pero no entre ellos mismos).
Lo cierto es que la justicia es probablemente el menos malo de los recursos normalmente utilizados para resolver problemas. Desde Salomón al Tribunal Constitucional, rara vez quedan las partes satisfechas. En muy pocas ocasiones una sentencia de primera instancia agota el pleito y los juicios que se entablan para ejecutar las sentencias previas incumplidas son infinitos. Consciente de ello (supongo), en vez de analizar sistemas alternativos como el arbitraje o la mediación, que despacha en unas líneas, La factura de la injusticia se empeña en destacar que los sistemas de venganza albaneses o los empleados por la mafia son aún peores.
*Saber
