Una cena familiar puede dar mucho de sí pero en este caso parece lo contrario: la cena es la excusa para contarte una historia cada vez más interesante sobre los hijos y sobre las parejas. Lo que comienza con gracia, con ese tipo de narrador en primera persona que va destilando absurdos y barbaridades como quien no quiere la cosa, va dando paso al drama de unos malos padres, unos malos hijos y a un callejón sin salida del que todos pretenden salir haciéndose trampas al solitario.
La estructura a golpe de platos en un restaurante, las idas y venidas en el tiempo, el que haya personajes no del todo en sus cabales, todo ello, hace que haya que leer La cena lo con atención porque Herman Koch no te lo pone fácil. En realidad ésa es parte de la gracia: cómo vas poco a poco siendo consciente de la inmensidad del drama y de la miseria moral que se esconde bajo el mantel.
*Novela de intriga
