No tengo idea de cómo llegó esta novela a mis manos pero no me ha gustado. La historia es malota, de malos y muy malos con intentos absurdos de ser buenos, contada con un lenguaje más bien pobretón, artificial, sobre todo en la primera parte y la verdad es que se hace difícil empatizar con alguien del libro. Tampoco ayudan frases como “mucho agua correrá bajo el puente del Vístula hasta que llegue tu hora”, “no había habido cena ni para clavar un diente” o “eso me ayudaría como unas ventosas a un cadáver”. Ciertamente los traductores tienen su culpa en eso pero quién sabe lo que diría el original.
En todo caso, la pretensión del autor es más bien ilustrar la cultura judeopolaca de principios de siglo y la posterior de sus emigrantes. Abunda el vocabulario del yidish (incluso hay un glosario) y muchísimas referencias culturales y religiosas en todo momento que tampoco llegan a explicarse mucho y que no son sino un montón de obstáculos para los personajes y para el lector que los desconoce. Es llamativa la insistencia de tantos judíos por no mezclarse con los gentiles. De ahí les han venido no pocos problemas que no aquejan a otras culturas más abiertas.
Y si la historia es mala, el entorno poco interesante y la prosa pobre y mal traducida… poco más se puede decir.
Traducción: Rhoda Henelde y Jacob Abecasís
*Novela
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