Jerusalén

Mia Couto

Guillermo del Campo
Fecha: 29 de julio de 2019
Categoría: Sin categoría

Este Jerusalén es un lugar de retiro para rumiar culpas. Unas culpas que de una manera u otra parecen alcanzar a cuatro de sus cinco habitantes. Será este quinto, un chaval, quien nos cuente una historia casi de locuras con imágenes muy expresivas. Desde la del afinador de silencios hasta que la pequeña distancia que hay entre la vida y la muerte puede apreciarse en la separación entre el suelo y los pies de un ahorcado.

Las historias de cazadores sólo pueden contarse debidamente si son mentira, afirma Mia Couto. Y quizá así se explique algo de toda este Jerusalén que tiene algo de Macondo por lo irreal. También porque, aunque también tiene mucho de trágico, ello no detiene a la vida, que sigue su curso impertérrita.

Recuerdo haber comentado algo acerca de la novela literaria al leer a Landero. Jerusalén va un poco más allá de lo que para mí sería novela literaria; yo la calificaría de narrativa poética: la historia ya no es un soporte de la literatura sino simplemente un fondo para las imágenes y metáforas. De hecho, los personajes no llegan a tejer apenas una red de relaciones entre sí y más bien van a su aire, cada uno con su cuento. Los cinco iniciales, bien presentados uno a uno en la primera parte del libro, y los pocos más que aparecen después parecen retratos enmarcados en una pared desde la que se miran entre ellos de perfil. Son interlocutores de palabras bonitas más que de diálogos. Tampoco hay un esfuerzo narrativo porque el lector vaya encontrándose con lo sucedido; esos mismos personajes hacen revelaciones repentinas sin más complicaciones y así se descubre el pasado.

Probablemente lo anterior sea lo propio de este tipo de narrativa, no es la que más frecuento, y para mí no merma ni su calidad ni su interés. Es simplemente un tipo diferente del que tengo más costumbre de leer que me ha resultado también muy atractivo. Eso sí las traducciones en estos casos son más importantes aún si cabe. Siempre queda la duda de si lo que nos chirría debe hacerlo o es que no lo podemos captar bien. ¿El tío Aproximado se llama así por algo? ¿Se trata de un nombre común en portugués? ¿Sería Próximo en español? ¿Habría podido traducirse como Cercano? Si eso sucede con un nombre, hay que admitir que la narrativa poética está muy condicionada por la traducción.

Una opción podría ser leerla en portugués, pues para un español no será tan difícil. El problema es que lo que se gana en cercanía con el autor, se pierde en la medida en que no conozcamos el idioma. Como pasa con los doblajes de las películas, lo que se gana oyendo la entonación del original, suponiendo que el actor original resulte mejor que el de doblaje, se pierde con los subtítulos peor entendidos. La otra opción es priorizar a los autores que escriben en español particularmente en este tipo de narrativa.

*Novela literaria

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