Desde el primer momento sospeché que el título y la polémica de los insultos a Javier Cercas fueron una operación publicitaria para incrementar las ventas pero, precisamente por eso, quise leerlo. No me equivocaba y aunque sí critica de pasada la política catalana y sus excesos, es algo tangencial y el título no es más que otro reclamo.
De hecho, en cuanto a crítica política tiene mucho más contra el caciquismo que contra el independentismo. A diferencia de Terra Alta, de la que ésta novela sería la segunda parte (aunque puedan leerse independientemente), Cercas va aquí un poco más allá de su corrección política y llega a defender a los sindicalistas del PSOE que, pobrecillos, se dejaron arrastrar por los malos de las Cajas de Ahorros para usar tarjetas de crédito indebidamente. Tiene delito la cosa (y nunca mejor dicho).
Conforme fui leyendo todo lo anterior fui tomando ojeriza a la novela dado que, además, tampoco me había gustado mucho la de Terra Alta, que, por si fuera poco se cita recurrentemente en otro, uno más, truco publicitario: “Si no leíste Terra Alta en su momento, todavía estás a tiempo.” Sin embargo, despojada de esa aspiración de novela policiaco-pedagógica-moralista y dejando sólo la novela sin mayores pretensiones, reconozco que al final me ha gustado un poco. Va ganando conforme avanza, cuando va abandonando las explicaciones de la novela anterior (para poder vender ésta independientemente de la primera parte), y cuando deja de lado todo el lío político en el que en realidad no se llega a meter, queda una novela mejor.
La estructura tiene su gracia: Son tres partes y un epílogo. Cada parte tiene como segundo capítulo una confesión cuyo origen comenzamos ignorando, que tiene algo de Mr X de la película JFK pero que en vez de ser un truquito para sacarse de la manga explicaciones poco demostrables es en realidad el desenlace que queda así troceado a lo largo del libro. De esa forma, lo que en muchas novelas son cincuenta páginas finales de explicaciones, aquí se intercalan en el relato y uno avanza mejor por toda la historia. Esa estructura se estira al final y en vez de intercalar capítulos se intercalan frases sin solución de continuidad alternado unas conversaciones con otras que pretenden aclararse entre sí. Creo que, siendo un buen recurso narrativo, al menos debía haber separado los párrafos. Serían más inteligibles y quedarían mejor estéticamente. (Lo que viene a ser lo mismo).
La historia, ambientada en 2025, es buena, está bien contada y te va llenando de interés hasta el final. Eso a pesar de esa forma tan curiosa de entender la “rocosa integridad moral” del protagonista que tiene el autor. Adolece de expresiones algo extrañas (yo diría que los verracos, más que enamorarse, follan y que las sonrisas difícilmente se blanden) y de exceso de charnegos acomplejados que confunden el registro de vecinos con el pueblo gallego famoso por sus pimientos (lo que no les sucede cuando hablan del jamón extremeño, naturalmente). Pero, lo reconozco, que reseñe tanto detalle negativo se debe a que las primeras páginas y los trucos de ventas me enfadaron. Luego la cosa mejoró y me enganché a las citas de novelas clásicas, a la vida personal del poli y a cómo va superando sus problemas poco a poco a base de atrapar malos que es lo que mola.
Ah, y otra vez, bien por Tusquets que sigue manteniendo la tilde diacrítica de sólo. Lástima que no haga lo mismo con los demostrativos.
*Novela de intriga
