Hoy, Júpiter

Luis Landero

Guillermo del Campo
Fecha: 12 de enero de 2019
Categoría: Sin categoría

Dos historias que avanzan en paralelo hasta acabar cruzándose… aunque de una forma mucho menos relevante de lo que cabía esperar. Una de las historias es casi surrealista. La otra es mucho más convencional y ambas están unidas por el abismo existente entre el yo imaginario y la realidad. A pesar de ello, no alcanzo a comprender la necesidad de ambas tramas en el libro. Por lo demás, el tema más importante es recurrente en Luis Landero: un personaje de poca cultura y menos valores que lucha por ser alguien en el mundo. El final, como en La vida negociable, te devuelve al principio. La manera de escribir es también la propia del autor: magnífica, fluida, llena de matices y rico vocabulario (aunque alguna vez aislada resulte excesiva)…

Sin embargo, como lector me siento demasiado exigido por Landero. Sus historias se alargan más allá del interés que me despiertan y aunque la prosa es magnífica, llega un momento en que se me hace morosa y, lo que es peor, con escaso motivo porque tampoco el premio justificaba los nervios. El ambiente rural y la riqueza léxica le acerca a Delibes pero el impacto que produce lo que cuenta es mucho menor. Tal vez porque sus historias son casi fábulas. Como en otras ocasiones, los personajes vagan sin apenas referencias temporales en una combinación rural y urbana que tampoco se acaba de definir del todo. En esa especie de limbo, Dámaso y Tomás se entregan a sus reflexiones dándose y quitándose la razón a sí mismos y aprovechando cualquier circunstancia para reforzar sus propios criterios. Como dice en un momento dado, “la razón está siempre disponible para quien quiera abastecerse de ella”. Las sentencias y aforismos de la parte rural son constantes, casi a modo de un Quijote y Sancho, y uno se pregunta de dónde proviene tanta “sabiduría” en personas tan poco instruidas.

Lo mejor, disfrutar de tantas páginas, precisamente 400, en las que la prosa destaca por encima de todo. Esto se pone especialmente de manifiesto en las estupendas clases de Tomás, en las que va sustituyendo las palabras más adecuadas por otras más sencillas adaptadas a sus alumnos. Nunca vi mejor ejemplo de lo valioso que puede ser el lenguaje cuidado porque rara vez tenemos ocasión de comparar un mismo texto con palabras diferentes.

Lo peor, que la historia mejoraría quitando cien páginas de Dámaso y que su relación con Tomás es tan casual como que hoy toque Júpiter. Son mis exigencias literarias: por bueno que sea el continente necesito cierta proporción con el contenido.

*Novela literaria

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