Me animé con Tanizaki Junichiro tras haber leído su famoso ensayo y ver lo que se ponderaban sus novelas. Como era de esperar, se trata de una novela de las que yo (y más gente antes que yo) llaman literarias: la historia tiene poca importancia y lo fundamental es cómo se cuenta. En este caso, en efecto la historia es casi inexistente y si acaso sirve de soporte a una descripción de costumbres y ambientes del Japón de 1930. Se detallan ropajes y teatro fundamentalmente pero también unas relaciones extrañas en una sociedad que presenta fuertes contrastes entre lo que acepta la tradición y lo que no. En todo caso, es una historia difícil de entender por un occidental y en pleno SXXI, sin que sepa decir a cuál de las dos cosas obedece que más que sea tan extraña. La relación de Kaname con su suegro se me hace inexplicable desde el principio hasta el final pero tal vez los japoneses sí la entiendan. Y leer como conversación culta las reflexiones de la dicotomía de la mujer como prostituta-madre, se hace difícil.
Sea como fuere, el problema es que tampoco la prosa me parece agradable. Las frases son como telegramas que si bien me evocan la frialdad que podría asociar con los japoneses, me transmiten poco. Y aquello que pudiera llegarme, se ve continuamente obstaculizado por tantas palabras extrañas que se hace molesta la lectura. Si cuando se visten lo hacen con haori, obi, juban geta y tabi, leen Minawashu, de Oghai y pasan por el hanamichi escuchando el shamisen cuando acuden al ningyo joruri y al bunraku, yo me quedo frío por muchas notas de la traductora que haya. Añadamos que no entiendo las costumbres, ni de higiene ni sociales, y, la verdad, no sé qué sacar del libro.
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Traducción: Rumi Sato
La traducción se presenta en el prólogo como una bendición al estar hecha directamente del japonés, sin pasar por otros idiomas. No dudo de esa inmediatez respete más fácilmente el texto original pero a mí lo que me importa es que el texto traducido al español sea agradable venga de donde venga. No soy fetichista del autor.
En este caso, la traducción no está mal aunque emplea expresiones incorrectas como “no fue por eso que pasó tal cosa”, propias del inglés. Además, el prólogo se toma la molestia de aclarar el significado del título, que está muy bien. Esas cosas son las que deberían poner a pie de página los traductores porque para otras más sencillas, ya tenemos el móvil e Internet. Rumi Sato pone otras, la mayoría también interesantes.
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*Novela
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De qué va. (Quizá no quieras leerlo).
Una pareja dejó de quererse hace muchos años pero no encuentra el momento de divorciarse. Como son muy civilizados, japoneses y están en 1930, sobrellevan la situación bastante bien. Conforme pasa el tiempo, la necesidad de dar algún paso es más acuciante y finalmente se acaba dando, aunque en sentido contrario al esperado.
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