Creo que Elvira Lindo se está convirtiendo en una de las principales escritoras españolas de lo que llevamos de siglo, junto con Rosa Montero o Almudena Grandes, con la diferencia sobre éstas de resultar más reflexiva y menos narrativa. Aún no he sido capaz de asimilar del todo En la boca del lobo, sin duda requiere una relectura que no demoraré, pero me he quedado deslumbrado ante la delicadeza y, a la vez, la fuerza con la que se narran las historias de dos mujeres con culpa y con soledad. En un ambiente rural, tipo Brañaganda, con un entorno de naturaleza muy propio de los cuentos, la narración transcurre plácidamente, sin sobresaltos, pero con una tensión palpable en cada página.
El que me parece el mayor acierto de la novela, la narración de una niña desde su corazón, con las palabras y la madurez de unos sentimientos que no podría expresar a sus once años pero que no por eso son menos vívidos, es también su principal dificultad porque a veces cuesta situar al narrador en cada tiempo. La protagonista comienza con once años pero rememora otras muchas edades y a ello se añaden conversaciones imaginadas, propias del realismo mágico, con otros personajes ausentes o incluso ya muertos. Enma, la otra protagonista es como un hada del bosque que aparece y desaparece e incluso parece que atraviesa muros cuando hace falta. Pero todo eso no convierte a En la boca del lobo en una fantasía, en absoluto. Son sólo recursos narrativos magistralmente empleados aquí aunque también produzcan una cierta confusión. Lo esencial llega profundamente al lector y para lo accesorio, queda una relectura más atenta.
Y en medio se habla de los absurdos de la pandemia (lo que quizá en unos pocos años resulte ya ininteligible, ojo), de personas sensibles, (una escena muy bonita recuerda a otra de El lector de Julio Verne), de que ya no se valora la calidad del pan, (y eso nos ha dejado sin pan de verdad), de animales y, como no, de los lobos que suele haber al acecho tanto en los cuentos como en la realidad.
*Novela literaria
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