En este caso se trata de un inesperado regalo de Reyes. Por lo visto Félix García Hernán proviene de otros mundos profesionales y se ha dedicado a escribir muy recientemente. De hecho éste es, creo, su tercer libro.
El límite oscuro explora esos bordes en unos cuántos personajes, unos mejores que otros, a lo largo de una trama policiaca relativamente sencilla pero muy interesante. Comienza con la consabida coletilla de que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia a modo de advertencia de que lo que cuenta es probablemente más que real aunque se mezclen situaciones para disimularlo. El lector, atrapado desde la primera página en la trama, duda de hasta qué punto podría verse tentado a involucrarse en algo parecido atisbando así dónde podría encontrarse su propio límite.
Más allá de esas disquisiciones, la historia está perfectamente construida, cuidadosamente escrita y ciertamente da gusto leerla. Además, mantiene en todo momento un innegable interés por ver cómo va evolucionando. En este sentido tiene una de las que yo considero virtudes ocultas de todo arte: permitir el equilibrio perfecto entre lo que el espectador puede anticipar y lo que le va a sorprender. Y digo en todo arte porque esto sucede no sólo en la literatura o el teatro, también disfrutamos más de la música cuando vemos venir las repeticiones… o cuando previamente al concierto nos empapamos bien de los discos correspondientes. Al leer El límite oscuro uno mejora su autoestima al comprobar que alguno de sus temores estaba más que fundado pero se sorprende en otras muchas ocasiones con los giros que, como en espiral, cada vez se suceden más vertiginosamente. El autor es además honesto con el lector, cosa que no siempre sucede en el género policiaco; sólo hay un momento en el que me sentí algo engañado, el satén es muy traicionero. Y aún tengo mis dudas de si más que engaño era duda.
Toda la trama descansa en unos personajes necesarios sin los que no habría novela: sin la ambición, la inmoralidad, la conciencia, el amor… de cada uno de los personajes no podría darse una historia semejante. Al acabarla, encantado, comencé a pensar sobre ella y de momento pensé que quizá le faltara algo más de profundidad a esos personajes. Acostumbrado a los relatos de Almudena Grandes, tan introspectivos en sus protagonistas, me pareció que aquí se me quedaban algo cortas sus personalidades. Luego acepté que para ello quizá hubieran hecho falta trescientas páginas más (la novela tiene algo más de cuatrocientas) y que realmente no es imprescindible: los personajes están suficientemente retratados en general y perfectamente en lo necesario para contar por qué actúan como lo hacen. Que a mí me guste extenderme más no tiene por qué ser muy representativo. De hecho, una amiga tildó de culebrón una de mis novelas favoritas posiblemente porque no le interesaban tantos pormenores.
En resumen, una novela estupenda, sin mayores pretensiones y que precisamente por eso me sorprendió: rebasa con mucho esas pretensiones.
*Novela de intriga
