El libro de Donovan se llamaba Julius Winsome, que era mucho más fiel a lo que es el libro. El cambio a El inventor de palabras, basado en una oscura afición del protagonista, me lo hizo muchísimo más atractivo… y por tanto ha provocado una decepción mayor. Es afición ni siquiera está muy clara o yo no la acabo de entender y, en realidad, es una historia más de un hombre aislado, de ésas en las que las reflexiones del personaje te van dando pistas acerca de que no está muy en sus cabales, y que degenera en locura a la menor oportunidad. Ver aquí que el clima y el entorno se mimetizan con el amigo Julius me parece ver un poco de más. Es cierto que el viento te mete frío durante la lectura pero cuando la historia es la que es, las descripciones del tiempo quedan en un segundo plano.
Por si fuera poco, o la traducción es muy mala o el lenguaje empleado por Donovan es deliberadamente absurdo. El rasgueo de la estilográfica, una esquirla de luz, las hojas que arañan la corteza del árbol al caer… Y no digamos las palabras antiguas que más bien inventa sin ton ni son, como por otra parte corresponde a un loco. Con ese lenguaje, la poesía que hubiera podido sobrevivir a la locura se pierde por completo.
Traducción: Enrique Fernández Vernet (al que no me atrevo a juzgar).
De qué va. (Quizá no quieras leerlo).
Un hombre solitario que vive en mitad de un bosque encuentra a su perro muerto. Sus ansias de venganza destapan una locura que hasta el momento había quedado más o menos oculta y dan comienzo a una cacería sin sentido.
*Novela
