Primer intento de descubrir autores nuevos de la mano de una librera simpática.
Me desagradó mucho el comienzo, de un dramatismo impostado que no me pareció justificado. Si hubiera seguido las prácticas de quien me lo recomendó, de que la primera página es la que le hace comprar o no un libro, nunca habría seguido con la lectura. Pero luego va cogiendo un nivel más razonable y me acabó gustando.
Recuerda a Brañaganda, una historia de hombres lobo, por lo rural y tenebroso. Narra una historia de miedos en un pueblo fronterizo supuestamente austriaco tras la segunda guerra mundial. Es casi una fábula pues el objeto del informe, el asesinado, es como una encarnación de los reproches que los habitantes del pueblo se hacen por su cobardía, el colaboracionismo, las envidias… La ambientación, por no ser concreta y ser un tanto ajena a nosotros, cuesta. Y el hecho de describir los olores con tanta profusión, tampoco es que ayude mucho. El lector va atisbando cosas a través de alguna palabra que se deja caer y poco a poco descubre el drama de Brodeck, otra encarnación, en este caso de la víctima. Pero fuera del ambiente opresivo del pueblo también suceden cosas. La mejor, la vuelta del campo de concentración.
El miedo es uno de los motivos más fuertes que condicionan el comportamiento de las personas. El libro de Philippe Claudel lo pone de manifiesto en situaciones extremas pero a menor escala, en lo cotidiano, sucede también. Los temerosos siegan la hierba de debajo de los pies a sus compañeros con demasiada frecuencia. Lo peor del miedo es que, más que una defensa ante una agresión real, se convierte en un ataque preventivo contra aquel a quien se teme, con o sin motivo. Y con frecuencioa son las propias carencias las que generan ese temor.
*Novela literaria
