Reseña de El derecho a la pereza, de Paul Lafargue

El derecho a la pereza

Paul Lafargue

Guillermo del Campo
Fecha: 10 de abril de 2025
Categoría: Sin categoría

El derecho a la pereza es un ensayo en el mejor de los sentidos: cortito, bien escrito y extremo al que le falta quizá un poco más de interés literario pues Paul Lafargue incide más en las ideas que en la forma. Le falta ese estilo personal que imprima carácter a la obra aunque teniendo en cuenta las fechas en las que lo escribió, finales del XIX, sólo el título, y lo que desarrolla detrás, es todo un escándalo que por sí mismo posee la toda la personalidad necesaria.

Como me sucedía con El mundo feliz, no estoy muy convencido de que el autor sostenga de verdad las ideas que expone y me quedo con la sensación de que más buscaba una provocación, un llevar las cosas a un extremo que moviera a la reflexión. Por eso quizá sea fácil discrepar: el trabajo puede ser prescindible para los asalariados pero es consustancial con los profesionales y empresarios. Y para los asalariados, sólo si, pese a renunciar a él, pudieran mantener su sueldo, lo que es una quimera al fin. El pasaje en el que Jesús menciona que los lirios del campo no se preocupan del vestido no es una apología de la pereza sino una crítica al excesivo afán. Por lo general, los derechos sólo se definen cuando se puede carecer de ellos. Por eso en nuestros tiempos se habla del derecho a un cielo libre de contaminación lumínica, derecho impensable en el SXIX, cuando, en cambio, sí se hizo necesario mencionar el derecho al trabajo pero no porque las fuerzas del mal lo pasaran a tener por tal aviesamente sino, simplemente, porque la revolución industrial había creado un escenario en el que se hacía necesario proteger algo que anteriormente no lo necesitó.

En general no creo en las fuerzas del mal organizadas para guiar al mundo. Ni el capitalismo, ni las organizaciones de personas influyentes, me parece pueril el malvado impersonal que con frecuencia se cita en las conversaciones: “nos han hecho que pensemos todos igual, ellos han llevado la democracia a esta situación, se han cargado la noción de progreso, nos llevan a un consumismo atroz, les interesa que se ponga en peligro el planeta… Soy más partidario de que es el caos provocado por todos, unos con más y otros con menos influencia quienes llevan al mundo por donde va y que está en nuestra mano, un poco más en unas que en otras pero en las de todos al fin, si no marcar el rumbo, que es imposible en ese caos, sí al menos ir enderezándolo.

En cuanto a Lafargue, defiende una jornada laboral de tres días, lo que habiéndolo considerado poco menos que un cáncer no deja de ser contradictorio. Resulta interesante lo que tiene de desmitificador y acierta, como tantos, en el diagnóstico de muchos problemas. Donde falla, también como tantos, es en las soluciones. En las naciones pobres se vive mejor y el hombre cazador de Sapiens debía ser muy feliz… sólo si hablamos de cuatro gatos. Es cierto que la especialización y las máquinas restan capacidad al hombre pero también que es consustancial con el incremento demográfico que lleva a que mejor yo cazo y tú tejes para cubrir las necesidades crecientes. Lo que era bueno, con el tiempo, deja de serlo pero no por que fuera malo sino porque cambian las circunstancias y toca adaptarse. Lo que mejor hace el ser humano.

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Verde/*Ensayo

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