Recuerdo que mantuve una larga discusión hace muchos años acerca de lo que era o no la novela histórica. Carolux Rex lo es, en mi opinión, porque en ella los protagonistas son los personajes históricos y la novela les hace decir o actuar conforme lo que tal vez pudo ser aunque no lo conozcamos con detalle. No me parece, en cambio, novela histórica aquélla en la que los sucesos del pasado son un simple telón de fondo para que unos personajes novelados vivan a su antojo.
Para mí, el problema de la novela histórica radica en que es difícil separar la realidad de la ficción. Que si bien cuando se sabe poco del tema puede resultar una fuente de conocimientos útiles, a la larga también puede dar imágenes muy distorsionadas. Ramón J. Sender, escritor muy prolífico, escribió una buena novela que a mis dieciocho años me aprovechó mucho. Como La tesis de Nancy o Réquiem por un campesino español. Pero releída ahora se me queda muy falta de apoyo bibliográfico en que sustentarla. Alguno de los detalles yo lo adscribía a otros casos («la reina no tiene piernas», por ejemplo) y eso y tantas páginas dedicadas a la Inquisición me llevan a dudar de lo que tiene de histórico esta novela.
Otra cosa es la imagen general, que yo creo que aquí sí se consigue aunque exageradamente pues es tenebrosa y llega al esperpento. Sin apenas estructura, son doscientas páginas pequeñas del tirón, Carolus Rex va picando aquí y allí para darnos una sensación de decadencia total. Lo que al principio resulta ameno, me acabó agotando, la verdad. Posiblemente haga un buen perfil psicológico de Carlos II pues es cierto que la inseguridad y el miedo llevan a las mayores barbaridades. Pero detrás de la imagen de crónica aséptica se regodea en lo escabroso que, además, contrapone continuamente a la luminosa corte francesa e incluso a la época de los árabes. Me pregunto si habrá otros países tan inmisericordes consigo mismos como España. Porque Francia no podía estar tan lejos en unos tiempos en los que faltaban aún muchos años para las luces del XVIII. Y no digamos nada del fanatismo almorávide. Me pregunto si lo bueno que tiene la autocrítica no se verá empañado, cuando es tan acerba, por la falta de confianza que genera.
*Sucedido
