Es una relectura porque me gusta leer historia del SXIX con cierta frecuencia. En ella se encuentra la explicación de mucho de lo que tenemos hoy. Y si eso es aplicable en general, en España, más aún. Por otra parte, Cánovas es todo un personaje. Fue un hombre culto, tolerante y pragmático, todo ello sin perjuicio de tener ideas muy claras. No es fácil, cuando uno siente que tiene la clave, cederla a otros para compartir el mérito.
En realidad, al ceder Cánovas hacía posible la democracia de manera que se trataba de una generosidad con beneficio. Ninguna democracia puede soportar que siempre ganen los mismos y mucho menos una recién instituida como la de la Restauración. Sin embargo, Cánovas no sólo cedía con el turno, también cedía de verdad ante el convencimiento de que por muy firmes que fueran sus ideas, tenía que haber cabida para todos. En lo que no cedió fue en caer en la tontería de república o monarquía. Lo tenía más fácil tras el desastre de 1874 y cosas como la guerra entre Utrera y Sevilla pero es una moda recurrente que sigue dando la lata. Como si, en realidad, el debate no escondiera muchas otras cosas que si elegimos o no al jefe del estado. Cánovas aceptaba discutir todo eso que se escondía tras la tontería pero no la tontería en sí. Ya podríamos aprender. También es verdad que Cánovas lo tenía más fácil tratando con gente que quería una España diferente a la suya que hoy, que se trata con quien directamente no quiere que haya España.
Indagando acerca de las guerras que se habían producido entre democracias, que tienen fama de ser inmunes a este mal, me sorprendieron dos cosas aparte de que tal inmunidad es falsa: la primera, el expansionismo salvaje e indisimulado de los Estados Unidos, que a Cánovas le llegó por Cuba, pero que había tenido y tuvo después muchos episodios. Así se entiende mejor esto último de que Groenlandia y Canadá les pertenecen porque en realidad en ello están desde el SXIX. La segunda, que en Internet no siempre se considera la guerra de Cuba de 1898 como entablada entre dos democracias porque no se le reconoce a España tan consideración debido al caciquismo. Como si en Estados Unidos se pudiera ganar sin ser millonario y sin el apoyo de otros millonarios.
Comellas no se hace pesado salvo porque hace una cierta elegía de Cánovas. Pero es verdad que el personaje deja poco sitio para críticas.
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*Historia
