Dice el autor que renuncia a la poesía salvo para leer la de otros. Me alegra porque no tengo la serenidad suficiente para leer poesía y así he tenido la ocasión de leer esa prosa poética que me resulta mucho más accesible.
Un poco cursi en la encuadernación por lo demás, magnífica, es sin embargo la que procede para un libro bonito como éste. En pequeñas redacciones Fernando Aramburu va describiendo sentimientos profundos y dejando entrever algunas hechos relevantes de su vida desde un punto de vista omnisciente que, siendo personal, justifica el título del libro.
Me hace gracia pensar que este libro resolvería los problemas de muchos de mis compañeros del colegio necesitados de redacciones semanales. Da gusto leer muchas frases y algunas de las redacciones llegan muy hondo ya sea por la prosa, ya sea porque no puedes menos que querer a un escritor que se muestra tan vocacional y que ya viene querido de otros libros. Un escritor que ama las palabras y lo transmite. En las páginas de este autorretrato vas descubriendo a un padre, una hija, algunos triunfos y pequeñas derrotas en una vida que prematuramente otoñal… o tal vez sea que sigo siendo un optimista impenitente.
*Relatos
