Si David Mazzuchelli ya me había gustado por Batman, ahora que el personaje principal resulta ser un arquitecto, con aspecto de Míes para más señas, y que ejerce con toda su egolatría habitual, no me podía resistir. Realmente, salvo porque un arquitecto difícilmente pondría a un profesor de arquitectura como referencia, hay muchos detalles de Asterios Polyp que están muy bien traídos por el autor: su obsesión por ser coherente, sobre todo, su perfeccionismo, su racionalismo, su interés por el diseño…
Pero Mazzuchelli no se limita al personaje y todo el tebeo muestra ese esfuerzo por la coherencia y por abordar desde esa perspectiva hasta los menores detalles. Son los personajes, son los dibujos de cada uno, son las viñetas, la composición de cada página, los colores, la tipografía, los bocadillos, la misma línea que utiliza para cada cosa, las tapas de cartón… Todo tiene un sentido aunque no siempre haya logrado descifrarlo. A veces puede resultar un tanto abrumador.
Se podría hablar de un montón de historias paralelas y de muchos temas tratados pero lo que más me gusta es la relación entre Asterios y Hana. Una relación bien tratada con las lógicas tiranteces entre la delicadeza y la prepotencia. Bien tratada porque no exagera las cosas, por los magníficos diálogos entre ambos, por cómo los personajes se envaran en las discusiones (las líneas se agudizan, los colores se acentúan). Hana tiene un dibujo precioso a base de trazos muy leves y Asterios se forma con cilindros y cubos. Asterios y su afición a la dicotomía choca con lo difuso de Hana. Se plantean además muchas discusiones filosóficas que, sin mayores honduras, sirven de fondo a todo el conjunto.
Un magnífico tebeo, la verdad.
Traducción: Esther Cruz Santaella
*Tebeo
