Por pura casualidad, un verano de hace muchos años leí ésta, mi primera novela de Pérez-Reverte. Me entusiasmó y como consecuencia, leí bastantes más del autor… que me decepcionaron profundamente. Tanto que opté por no leerle más. En general, encontraba que el autor sabía cómo empezar una historia, que era capaz de mantenerla, pero que era completamente incapaz de acabarla con solvencia. Por consejo interesado hube de alejarme de mi decisión con Hombres buenos… y me reafirmé en mis opiniones. De tanto como leí del autor (me lo han regalado innumerables veces) sólo salvé, y con algunas dificultades, El pintor de batallas. Pero El maestro de esgrima siempre quedó al margen y recordaba que me había gustado mucho. De hecho, al releerla ahora he visto que ya la releí dos años después de la primera lectura, cuando subrayé varios párrafos esclarecedores que ahora me han venido muy bien.
Porque el mayor defecto que para mí tenía esta novela es que resultaba excesivamente abstrusa. (Lamento la palabra pero es la que mejor me cuadra). El malo queda tan oculto tras unos veganos y unos listados que, al modo de Agatha Christie, sólo se descubre, y forzadamente, en las últimas páginas, cosa que no me gustó. Al releerlo ahora con esos subrayados he podido ir coligiendo mejor lo que sucedía y, sin perder la intriga, anticiparme esa pizca que resulta tan grata al lector.
Como anticipa la portada (aunque en otras ediciones han puesto imágenes muy alejadas de lo que es el libro), El maestro de esgrima es una buena novela de capa y espada en un tiempo en el que ya no se estilaba eso, muy bien ambientada, con todos los pormenores bien resueltos y una prosa rica y apropiada al caso que ayuda mucho a meterse en situación. Es cierto que conviene estar al tanto de lo que fue la Gloriosa que desterró a Isabel II pero, a cambio, uno se ve inmerso en el Madrid de la época con sus coches, pulgadas, bujías, sorches… incluso en Lardhy. Pérez-Reverte no confunde los quevedos con los impertinentes y a todo eso le añade unos personajes muy fieles a sus caracteres. Puestos a la elegía, de no haberme desencantado tanto con otros libros, pensaría que incluso la desazón que me produjo la primera lectura en la que se me escaparon cosas no era más que un buen reflejo de la del protagonista, cuyo reino no era del mundo y sin embargo se ve complicado en él mucho más de lo que le cabía esperar.
Sí, además de una buena historia muy bien contada y ambientada tenemos un gran personaje, D. Jaime, fiel a sus principios hasta donde es posible, que disfraza de honorabilidad y conservadurismo algo de cobardía… hasta que se ve obligado a echarse al ruedo y aún entonces, es consecuente con lo que es. Pero es que el resto de personajes son también magníficos: el policía cínico, el revolucionario de esos que pretenden asaltar los cielos y no es más que un bribón de poca monta, el vividor, los alumnos de esgrima que ven en ésta un mero «sport» y no se escandalizan por que las misas pudieran dejar de decirse en latín… Todos. Aunque destaca, claro, esa Milady que sólo deja ver su verdadera naturaleza en el momento culminante en el que su mirada se transforma.
*Novela
PD. Aunque nunca me gusta ver las películas de los libros que me gustan, tuve ocasión de ver ésta y está muy bien. Sobre todo porque la historia principal se hace más sencilla y accesible. Se pierden muchos detalles, las historias secundarias están mucho mejor en el libro pero la principal es bastante más clara en la película.
