Pocos títulos y, sobretodo, pocas citas como la de Abderramán III tan apropiadas para un libro. Creo que para disfrutarlo es importante fijarse en ambas cosas y, desde luego, no leerse la contraportada (yo la leí al acabar el libro, como suelo hacer) porque orienta hacia una novela cuando Los días perfectos es diferente. Su comienzo, sí, es como de novela. Recuerda a La uruguaya. Y de hecho me pasé muchas páginas creyendo que tendría más parecidos. Pero luego es casi un ensayo sobre esos días perfectos. Un soliloquio interesante a través de unas cartas que bien podrían ser parte de un diario porque apenas tienen necesidad de destinatario (aunque lo tengan). Entremedias, la idea de basarse en el estudio de la correspondencia de un famoso escritor resulta también muy sugerente.
Poco se puede decir sin descubrir lo que es el libro y creo necesario dejar que cada lector lo encuentre. Con esto tampoco quiero crear falsas expectativas pues Los días perfectos no es precisamente un relato de suspense. Pero su estructura y lo que se cuenta está muy relacionado y como también resulta algo sorprendente, no quiero estropearlo. Ya digo que tiene mucho de ensayo. Al menos a mí me ha hecho reflexionar bastante sobre las infidelidades y el matrimonio. Como yo también escribo cartas que no mando, me ha gustado acompañar al amigo Luis por sus escritos. Tiene, además, la virtud de que no se limita a soñar sino que mantiene los pies en el suelo sin por ello tirar la toalla. No son utopías fáciles o cómodas.
Más allá de las reflexiones, me gusta también lo iconoclasta que es con los Nobeles de literatura y las peleas de cosquillas con su hija. Pero me gusta menos la parte central de relatos con dibujos en donde abandona lo epistolar y da paso a una narración muy sosa. (¿En dónde verá la contraportada «una enorme fuerza narrativa»?) Además, el protagonista de Jacobo Bergareche emplea una mezcolanza de vocabulario, cambiante según a quién se dirige, que no ayuda a reconocerle como santanderino aunque le gusten los caricos. Supongo que es algo deliberado, un recurso más que el autor pensaría que daría verosimilitud pero a mí me parece un poco falso y, sobretodo, molesto de leer. Lo mismo se lee a veces en mejicano y otras en español pero, además, abundan los términos americanos sin cursiva ni explicación alguna, bastante innecesarios en su mayoría y que se repiten tantas veces que obligan a acudir a Internet.
Pese a todo, me quedo con un libro que me ha gustado, me ha inspirado, me ha hecho pensar, que comenzó muy bien, se me atascó un poco y acabó remontando. Buena recomendación de mi librera favorita.
*Novela-ensayo
