Relectura recordada por una profesora de lengua. No leo mucho teatro pero sí a Buero Vallejo, que me gustó desde la época del bachillerato. La Historia de una escalera es contemporánea de En la ardiente oscuridad y guarda con ella algunos parecidos. La oscuridad que envuelve a Ignacio y a Carlos hace un efecto similar a la escalera a la que Urbano dice que están atados. Ambas obras se han tachado de pesimistas pero posiblemente sea porque no tienen un final feliz y porque los personajes principales no dan con un camino, no porque no lo haya que sería lo pesimista.
En las dos obras se plantea la eterna duda de si es preferible soñar con lo imposible o conformarse con la realidad y en ninguna se resuelve la duda que queda abierta para el lector. Sin embargo, la tragedia de la Escalera resulta mucho más cercana, al fin y al cabo todos vivimos en una pero pocos somos ciegos. Por eso mismo, la reflexión a la que mueve la Escalera es más dolorosa. Urbano y Fernando han fracasado. Ni la voluntad ni el trabajo han servido. Tampoco los atajos o el dinero. Pero los hijos, aunque en el tercer acto estén repitiendo el cuento de la lechera al imaginar lo mundano, quizá sean capaces de mejorar en lo importante, en lo que sus padres tampoco supieron, y se labren un futuro mejor. Además, tienen tiempo para ello.
Del teatro me gustan las acotaciones porque señalan tanto o más que la propia acción: según ellas, entre los actos pasan diez años “que no se notan en nada” y pasan otros veinte cuya evolución está sólo disfrazada. Pero en la sociedad opresiva de la postguerra el tiempo pasa aunque en la escalera parezca inmutable y eso abre más posibilidades.
El teatro suele ser mucho más simbólico que las novelas, lo corto de las representaciones lo exige así. Los actos suelen ser eso, momentos. En La colmena se reflejan tres únicos días de esa misma sociedad. Pero aunque los tres actos de la Historia de una escalera recojan también sólo tres días, entre ellos transcurren treinta años y eso marca la diferencia: el Martín de La colmena, como Fernando, odia la hipocresía y la compasión aunque no la rechaza si le llega. Probablemente Martín fracase, como ciertamente fracasan Fernando y Urbano. Pero en la escalera el tiempo pasa aunque no se note y los hijos de Urbano y Fernando quizá sí tengan ocasión de encontrar un futuro mejor.
El teatro, al menos el de Buero, te hace pensar más que las novelas. Claro que, a cambio, uno ha de poner mucho más.
*Teatro
